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“Writting about music is like dancing about architecture.”

(”Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura.”)

Elvis Costello

Mi relación con la erróneamente denominada “música contemporánea” ha sido siempre de mutuo repudio. Mi primer “encuentro en la tercera fase” fue en el Auditorio Nacional de Madrid, cuando un amigo me invitó, estoy seguro de que a mala leche, a un concierto con obras de Franco Donatoni (para que se hagan una idea, pueden ver un ejemplo aquí). Nada más comenzar el concierto me entró un ataque agudo de risa que me costó Dolores Fuertes de Barriga contener.

Ayer tuve una experiencia parecida. Unos amigos que visitan Donostia todos los veranos, me llamaron para invitarme a un concierto de la Jazzaldia. Interpretando sus obras estaba un septeto liderado por Anthony Braxton:

“Es uno de los mayores genios que ha dado la música basada en la improvisación. Es muy difícil que aparezcan innovaciones auténticas en el ámbito del jazz, porque seguro que Anthony Braxton ya las ha inventado antes. Incomprendido muchas veces, reverenciado muchas otras, Braxton ha seguido su instinto musical contra viento y marea, con un ojo puesto en los más grandes del saxofón jazzístico (John Coltrane, Eric Dolphy) y el otro en los compositores más vanguardistas de la música clásica contemporánea (Karlheinz Stockhausen, John Cage). Junto con Chick Corea, fue el alma del grupo Circle, uno de los más rompedores. Después grabó una serie de discos memorables con uno de los pioneros del bop, Max Roach, y ha sido el líder de varias bandas que siempre han destacado por su originalidad.”

Fuente: Jazzaldia

Antes de ir al concierto escuché unas muestras de su música y también una entrevista de 1971, completamente absurda, en la que Braxton, filósofo además de músico, soltaba lindeces del tipo:

- “La mía es una música totalmente infuncional

- “Uso la música porque es la manera más rápida de ir a donde yo quiero. Si hubiera una manera más rápida, la elegiría”. El entrevistador pregunta “¿y a dónde va?”. Braxton responde: “A ningún sitio”.

- “La cuestión es… no mi relación con el saxo… sino ¿qué planeta es este?”

Los 60 tuvieron un efecto devastador en algunos.

Entramos en la sala de cámara del Kursaal. Siete personas se colocan entorno a un reloj de arena. Tras unas indicaciones numéricas digitales (con los dedos) de su líder, el septeto empieza a emitir sonidos. Nada que, en un principio, pudiera identificar con “jazz”, si bien es cierto que nunca he sabido muy bien dónde empieza y dónde termina este tipo de música. A medida que la mitad superior del reloj se iba vaciando, lo mismo hacía el auditorio, y los que aguantamos hasta el final mirábamos descaradamente a los desertores pensando algo entre “qué ignorantes” y “qué envidia me dais”.

Suelo tener grandes problemas para disfrutar de una actividad en la que me es imposible concentrarme 15 segundos seguidos. Por ello, como en el caso de la “música contemporánea”, Braxton me aburre hasta lo insospechado, y los sonidos que emite su grupo me resultan tan anodinos como el ruido del tráfico de una gran ciudad en hora punta, con el agravante de ser un sonido tan molesto para mis oídos que termina produciéndome dolor de cabeza, inquietud y malestar general. Es como tener en frente a un señor feísimo hablándome en mandarín: no es sólo que no entienda absolutamente nada de lo que dice, es que además su presencia física (el sonido, en el caso de Braxton) me resulta harto desagradable.

La frase que califica a toda esta cuadrilla de emisores de sonido es “Incomprendido muchas veces, reverenciado muchas otras” (extraída del susodicho texto del Jazzaldia). Dicho de otra forma: presumiblemente su música sólo puede generar dos reacciones: la de los que reconocen su genialidad y excelencia, y la de aquellos otros que no… pero porque no les han entendido (”por su estupidez”, leo entre lineas). Todo ello me lleva a la nada original moraleja del cuento Hans Christian Andersen, El traje nuevo del Emperador: (el que no lo conozca, no sé a qué espera): el que no ve sus maravillas y virtudes, e que es irremediablemente estúpido. Debo ser estúpido, entonces.

Musicólogos del mundo, ya pueden empezar a criticarme. ¡Es gratis!

Foto | Street_Spirit

P.D.- He ido a docenas de conciertos a lo largo de mi vida. En la gran mayoría de ellos estaba prohibido sacar fotografías dentro del recinto. Ayer, por primera vez, me hicieron dejar mi cámara de fotos en consigna.

P.P.D.- En el primer cuarto de hora del concierto se sumaron al septeto Braxton el grupo de fotógrafos que  teníamos al lado y no pararon de sacar fotografías y ruido.

Se llama macrofotografía a aquella en la que la imagen grabada en el sensor o la película de una cámara fotográfica es igual o mayor que el tamaño del objeto fotografiado. Dicho de otra forma: que un objeto pequeño se vea muy grande en la foto.

Para hacer posible esta disciplina de “fotografiar lo pequeño” se suelen usar unos objetivos bastante caros (unos 300 o 400 € cobran por uno normalito) que, además, al final puede resultar ser un cacharro más que ocupa sitio y se usa un par de veces al año.

Sin embargo, para la mayoría de los mortales, estos costosos aparatos se pueden sustituir por unas simples lentes cuyo precio ronda las decenas de euros (aunque los hay que superan la centena) y se colocan delante de algún teleobjetivo que ya tengamos. Esas lentes se vienen a llamar lentes de aproximación (o close-up lenses en inglés) y muy básicamente son “cristales con dioptrías” (=lupas) que no es que aumenten la imagen, sino que hacen que la distancia mínima de enfoque disminuya, haciendo posible fotografiar al objeto desde más cerca y, por lo tanto, que tenga un mayor tamaño en la película o el sensor de la cámara (ergo también en la fotografía). Además, estas lentes se pueden usar de uno en uno o enroscando varios seguidos en la parte frontal del objetivo que tengamos.

Esta herramienta nos brinda varias ventajas y desventajas:

Pros:

  • Es más barato.
  • Es más ligero y pequeño.
  • NO altera la cantidad de luz que llega a la cámara.
  • NO altera el enfoque automático, control de exposición automático, y otros automatismos internos de la cámara.

Contras:

  • No se consigue la nitidez que da usar un objetivo macro, propiamente dicho.

Hay que tener en cuenta que a estas desventajas hay que sumar las propias de la fotografía macro:

  • Al fotografiar al objeto más cerca, la profundidad de campo disminuye drásticamente.
  • Si queremos fotografiarnos un animalito, lo podemos espantar al tener que acercarnos tanto.

Convencido de que eran una excelente opción me compré en ebay la semana pasada unas lentes marca HOYA para el objetivo Canon EF 28-135mm IS USM que uso con mi cámara Canon 40D. Me costaron unos 50 euros y en un mismo estuche vienen 3 lentes: de +1, +2 y +4 dioptrías de potencia (=capacidad de acercamiento).

Para que entiendan su utilidad, les incluyo tras la pausa varias fotografías indicando las dioptrías usadas (combinando las tres que trae el kit) y la distancia aproximada entre el objetivo y, de una forma aproximada, el punto mínimo en el que el objeto estaba enfocado (”Distancia Mínima de Enfoque” = D.M.E.):

Seguir leyendo ‘Lentes de aproximación’

Nueva heladera

17Jul08

La semana pasada me compré una heladera, y hoy he podido estrenarla. Se trata del modelo GVS1 del fabricante alemán de electrodomésticos Krups. Lo compré en un hipermercado de Pamplona por unos 50 euros, tras explicar al personal del departamento de electrodomésticos cómo funcionaba: les pregunté si esta era una heladera con condensador o con vaso frío y requirió una explicación de un cuarto de hora para que me entendieran de lo que les hablaba. Naturalmente, no sabían la respuesta: es una heladera de vaso frío (los que tienen condensador no suelen ser tan baratos).

El bicho (ver imagen a la derecha) funciona de la siguiente manera: tiene un recipiente desmontable que hay que meter al congelador por lo menos 24 horas para que se enfríe. Después se hace la crema del helado que se quiera y se deja enfriar la mezcla unas 12 horas. Tras eso, se monta la heladera, se pone en marcha el motorcillo situado en la tapa y que hace girar a las aspas que remueven nuestro futuro helado. Se vierte la mezcla por la ranura de la tapa… y surge la magia: las aspas van removiendo la crema (ver imagen inferior), que se va helando al contacto con el vaso, hasta que se hiela todo el líquido y obtenemos un helado cremoso.

Tras la pausa transcribo la receta que he usado para hacer un helado de leche merengada con azúcar muscovado que ha inaugurado el invento.

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Hace unas semanas descubrí un revelador video en Youtube donde mi admiradísimo Stephen Fry hablaba, en su programa de la BBC QI, sobre la diferencia entre “biscuits” y “cakes”. Podría decir que son “galletas” y “tartas”, respectivamente, pero a raíz de la explicación no estoy muy seguro de si se corresponden exactamente. Sin embargo, en adelante usaré las expresiones castellanas.

En dicha explicación se venía a decir que la diferencia radica en que:

  • Las galletas se reblandecen cuando se rancian.
  • Las tartas se endurecen cuando se rancian.

Así de sencillo.

Pero la tontería esta se hizo famosa hace unos años por el “caso Jaffa cakes“. Wikipedia nos ilustra (traducción libre del inglés, una vez más):

Las Jaffa Cakes son un tipo de tartas famosas en el Reino Unido e Irlanda. Se venden bajo distintas marcas, siendo McVitie’s (United Biscuits) la que lidera del mercado. El nombre viene de la variedad de naranjas Jaffa, que a su vez heredan el suyo de la ciudad israelí del mismo nombre.

Las Jaffa Cakes normalmente son circulares y de un diámetro de unos 54mm. Constan de tres capas: una base de bizcocho, una capa más estrecha de mermelada de naranja (de aproximadamente 38mm) y una capa de chocolate cubriendo la mermelada hasta los bordes del bizcocho.”

Viendo la foto superior (de Andrew Baird) sabrán de qué galletas hablo. En España se pueden encontrar las de la marca LU (de Kraft Foods), que se llaman Pim’s Orange.

Y ahora viene el detalle freak:

Las leyes británicas dictan que las galletas y las tartas no están gravadas con el impuesto del valor añadido (VAT, la versión inglesa del IVA). Sin embargo, las galletas cubiertas de chocolate sí tienen la obligación de soportar un IVA del 17,5%, ya que están clasificadas como producto de lujo. McVities clasificó sus Jaffa Cakes como tartas, pero en 1991 fue llevado a juicio por la hacienda británica (Her Majesty’s Customs and Excise), probablemente causado porque dichas tartas tienen forma y tamaño de algún tipo de galletas. La cuestión que el tribunal se preguntó fue “¿qué criterio debería usarse para calificar algo como una tarta?” McVities defendía la clasificación de las Jaffa Cakes como tartas, confeccionando una Jaffa Cake gigante para demostrar que las Jaffa Cakes no son más que tartas en miniatura.

McVities argumentó que la diferencia entre tartas y galletas es, inter alia [= entre otras cosas], que las galletas normalmente se reblandecen cuando se vuelven rancias, mientras que las tartas normalmente se vuelven duras. Fue demostrado al tribunal que las Jaffa Cakes se volvían duras.

El Sr. Potter QC [QC = Queen's Counsel = título conferido a ciertos abogados de prestigio] deliberó que las Jaffa Cakes son tartas, y por ello McVities no está sometida a aplicar el IVA a este producto.”

Una historia curiosa, ¿no les parece?

( Continuará… )

Picnic ‘08

09Jul08

Ha empezado (hace tiempo, pero bueno) la temporada 2008 de picnics y/o comidas campestres, y mi “columnista gastronómico profesional” preferido, Mark Bittman, del New York Times, nos sugiere “101 platos de 20 minutos para picnics inspirados” e incluso nos muestra algunas de esas propuestas en un gráfico interactivo.

Hay algo inocente y excitante sobre el picnic, incluso si está haciendo acopio de unas pocas cosas en el último momento y encaminándose calle abajo hasta el parque más cercano. Puede ser que no lleve nada más complicado que una ensalada de atún o una bologna con pan blanco, pero aún así probablemente pase un buen rato. Es probablemente por ello por lo que muchos de nosotros somos devotos a la misma comida en los picnics de toda nuestra vida.

Pero llegado el momento, puede sentir la necesidad imperiosa de variar un poco el menú. Con eso en la mente, me gustaría hacerles unas pocas -en realidad, 101- sugerencias, abarcando desde aperitivos hasta postres. Con unas pocas compras, un poco de esfuerzo y 20 minutos o menos para montarlas, puede crear el tipo de “comida portátil” que dejará a la comprada en cualquier tienda a la altura del betún, ahorrándole una pequeña fortuna. No importa cuan devoto sea a sus viejos favoritos, apuesto a que encontrará algo intrigante aquí.

Así introduce (traducción libre y aproximada) Bittman, alias “the minimalst”, su centuria larga de recetas atípicas para merendolas campestres. Traduzco algunas de ellas, “a voleo”, para aquellos monóglotas que se van a perder las 101 propuestas por estar escritas en inglés. Después de la pausa.

Seguir leyendo ‘Picnic ‘08′

El día de ayer marcó un hito en el largo y tortuoso camino que me propuse iniciar hace unos meses en la búsqueda casi-arqueológica de retro-tascas Tascas 1.0. Por sintetizar en pocas palabras el carácter de este tipo de restaurantes: son aquellos en los que uno “aterrizaría” un domingo por la tarde siguiendo la máxima de “ufff… por no ir ahora a casa y ponerme a preparar la cena… vamos a comer un par de huevos con chorizo en alguna tasca por el camino”.

Precisamente en esa circunstancia, volviendo del fin de semana de esparcimiento ocioso en el Pirineo aragonés y sin demasiadas ganas de complicarnos la vida con una cena hogareña, decidimos probar suerte en el restaurante Izaskun que sita en el remoto paraje homónimo [mapa] del municipio gipuzkoarra Ibarra (cerca de Tolosa). La carretera que parte desde Tolosa y nos lleva a la Clínica de la Asunción primero y a este barrio después, no es en absoluto recomendable para aquellos que se ponen nerviosos por la estrechez de la calzada.

Seguir leyendo ‘Izaskun, o el delirio colesterolémico’

Como se habrán dado cuenta los lectores más habituales, ayer al mediodía un autor anónimo bajo el seudónimo “Hirk ein dik” (que supongo que será “hirek ein dik”, que se traduciría a su vez como “Estás acabado”) y dirección de correo electrónico falso, quebró al buen ambiente que suele reinar entre los comentaristas de este blog escribiendo:

Hi, hik nola dauzkek potrok kontzientzie lasai eukitzeko! Gizajoa! Herri baten erabakie re erespetatzen ez badek. Bakik hi bezelakoi ze eitten zoaun ez, Buitraker musika talden baten letra batek bezela, “tiro bat buruan eta hemen iñork ez daki ezer” hainbesteaño ez, baño hiri altzanipe exkiñan paliza bat emateko hiru laun naikoa gaittuk eta seguro esan zeikeat hiru laun baño geio diela hiri berotzeko gogokin. ta oain hire laun españolito nazkagarriri traduzittu deikek erdera puta horta menajea nai badek. Horrek ez dik beroalditik librauko.”

Que, traducido al castellano, sería algo así como:

Tú, ¡cómo tienes cojones para tener la conciencia tranquila! ¡Pobrecito! Si no respetas ni la decisión de un pueblo. Sabes qué le hacemos a los que son como tú, ¿no? como una letra del grupo musical Buitraker, “un tiro en la cabeza y aquí nadie sabe nada” tanto no, pero para darte una paliza en la esquina de altzanipe [el nombre de la casa donde vivo] bastamos tres personas y puedo decir seguro que hay más de tres personas con ganas de calentarte. y ahora ya puedes traducir el menaje [¿quería decir "mensaje"?] al puto castellano a tus asquerosos amigos españolitos. Eso no te librará del calentón.”

Nunca he entendido a qué demonios se referían las víctimas del terrorismo cuando reclamaban “ser reconocidas” como tales. En cierta medida ya me he dado cuenta: al ir a poner una denuncia por las amenazas… pensé que quizás “me estaba pasando”. “Porque claro“, pensé, “a ver si esto va a ser llevado por cauces judiciales anti-terroristas y dentro de unas semanas unos Guardias civiles van a llevarse a algún vecino mío a la Audiencia Nacional por amenazas terroristas y vete tú a saber qué más“.

Sin haberme dado cuenta convertí un hecho tan natural (digo yo) de poner una denuncia a un señor o una señora que “me advierte ” de que a gente como yo les suele pegar un tiro en la cabeza (pero bueno, que en mi caso harán una excepción e igual me libro con una paliza en la puerta de mi casa… ¿será por las rebajas?) en un acto del cual creía deber sentirme avergonzado. Y probablemente tengo razones para hacerlo, porque el día que eso ocurra y detengan (si lo detienen) al delincuente que ha delinquido (permítanme la insistencia, más que redundancia) en mi propio pueblo habrá, no tengo ninguna duda, gente que defienda a brazo partido (brazo izquierdo, con el puño cerrado y en alto) que ese señor o señora ha sido “víctima del terrorismo de estado”, lo que me convertiría a mi en… ¿chivato? ¿verdugo? no sé muy bien mi función en este tinglado. Ya me lo aclararán.

Con esto no quiero ni voy a compararme con aquellos que sufren las consecuencias más duras del terrorismo, porque a nadie en su sano juicio se le ocurre que realmente vayan a hacerme nada “grave” (considerando que amenazarme no lo sea)… pero me viene a la mente una reflexión, más allá del caso concreto que me afecta: ¿acaso no es la verdadera víctima del terrorismo un pueblo ENTERO que ha perdido completamente el sentido de la libertad y la justicia hasta el punto de llamar víctima al terrorista y chivato/verdugo al que está en su punto de mira?

Surfer-burger

23Jun08

Vamos a ponernos al día, que desde hace varias semanas he ido dejando multitud de cosas en el tintero.

Hace cosa de unos 7 meses supe por primera vez de la existencia de la bocatería Campero (Paseo José Miguel de Barandiarán 8, en el barrio de Gros de San Sebastián), pero como estaba cerrada al final aterrizamos en Va Bene. Hace unas semanas se presentó otra vez la ocasión y, en compañía de mi gran amigo Chalo, nos acercamos por allí.

El local tiene fama de estar siempre hasta los topes de gente, especialmente los fines de semana y aquellos días en los que el tiempo impide hacer uso de las mesas callejeras y la muchedumbre se tiene que apretujar en el pequeño local. Como era entre semana y había un sol radiante (mi cráneo, desnudo e indefenso ante las inclemencias, dio fe de ello) pudimos encontrar mesa sin problemas, aunque es cierto que no sobraba mucho espacio.

Para empezar pedimos unas patatas bravas:

Inexcusablemente catastróficas. Yo diría que no sólo eran congeladas, sino que encima eran de las “peleonas”. Una pena que en este sitio no cuiden los detalles.

Tras el fiasco inicial pedimos un bocadillo cada uno, que al final terminamos compartiendo.

Chalo pidió un “Campero de pollo”. Los ingredientes (pollo, cebolla pochada, tomate, lechuga, jamón cocido, …): perfectamente equilibrados. Y el GENIAL (!) pan campero: tierno y recién tostadito. Ideal para aquellos que, como yo, no nos gusta que la relación ingredientes/pan se vea excesivamente desproporcionada hacia el denominador.

A estas alturas de blog no creo que haga falta confesar que yo soy de esos que ante un menú o una carta pide el plato con el nombre más largo o con más ingredientes (si no entiendo lo que es y/o tiene nombre raro, mejor). En el caso que hoy nos ocupa, ese plato era, sin duda, el ¡”CAMPERO ESPECIAL”! (mi inconsciente hace sonar un trueno cada vez que se pronuncia ese nombre). Muy básicamente, es una hamburguesa a lo bestia, con el susodicho pan y la mayoría de los ingredientes del bocadillo anterior (excepto el pollo, claro).

ChaloYo

Concluyo con rotundidad y concisión: el sitio merece la pena por los magníficos bocadillos y es un sitio ideal para los surfer-fasion-cul-hey_tío_cómo_molo que quieran lucir su melena de puntas rubias mientras ven las no-olas sobre las que han intentado montar sus tablas sin ningún exito, con el fin subliminal de disimular su síndrome de Peter Pan, que ya roza lo psicopatológico. Ah, y al parecer es un recurso típico para “take-aways” playeros, ya que está a tiro de lapo (con perdón de lo escatológico de la magnitud) de la playa de la Zurriola.

Yo volveré.

Más fotografías | Flickr
Cosas de Chalo | Blog / Flickr

Scones

15Jun08

Hace unos cuantos meses oí hablar de la existencia de una parte del repertorio de repostería que no necesitaba ingredientes extraños ni horas de arduo trabajo para dar unos resultados sorprendentes. Leía que había quien incluso disfrutaba haciendo magdalenas muffins en un plis para los invitados.

Incrédulo, todavía, necesité que mi amiga Liz (finlandesa de pura cepa) me hiciera una demostración en plena Semana Santa sevillana, preparando unos deliciosos scones para desayunar.

Esta mañana, como casi todos los sábados, ha venido el Sr. J, “casualmente” a la hora del desayuno. No sé muy bien por qué me he acordado del arte de la rubia platino y ni corto ni perezoso me he puesto a cocinar. De paso he aprovechado para grabar un video de la receta, que pueden ver después de la pausa.

Seguir leyendo ‘Scones’

Omitiendo deliberadamente el debate de si debería o no celebrarse la consulta, me gustaría reflexionar de manera sosegada y civilizada sobre las dos famosas preguntas aún a riesgo de que esto termine como el Rosario de la Aurora (como siempre). Invito, tanto a los que están de acuerdo como a los que discrepen, a hacer uso de la opción de comentar el artículo, que es gratis y para eso está.

Primera pregunta:

¿Está usted de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia, si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre?

Vivimos en un país en el que un tirano, tras casi 40 años de dictadura tolerada por su pueblo, murió en la cama. Sufrimos hoy las consecuencias de un país regido por unas leyes y unos gobernantes (los Borbón) heredados de aquel, en una transición “minimalista” y edulcorada.

Vivimos hoy en un país bajo otra dictadura: la del terrorismo. Yo no voy a permitir que la historia se repita y “el dictador se muera en la cama”. No pienso tolerar una dictadura que agreda cualquiera de mis libertades fundamentales lo más mínimo, empezando por el derecho a la vida y siguiendo por el de libre expresión y un largo et cetera. Yo no negociaré mi vida, ni permitiré que nadie lo haga por mí.

Por todo ello no puedo responder a la susodicha pregunta con una respuesta que no sea:

Porque creo que poner fin a la violencia de ETA depende única y exclusivamente de ETA. Porque no creo tener nada que negociar con ellos, ni creo que lo tenga ningún gobierno que me represente. Es más, creo que sería un coup de grâce definitivo para la consecución de la libertad en este país que, además de juzgar y penar a los responsables de esta dictadura, todos y cada uno de los ciudadanos respondiésemos a la primera de estas dichosas preguntas con un NO rotundo.

(Por no mencionar que si ETA manifestase “de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre” no tengo ni puñetera idea de lo que quiere esta gente negociar con ellos…).


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