Helado de miel y lavanda
Vamos a darle un poco de movimiento a esto:
Como bien saben, el pasado mes de julio me agencié una fantástica-fantástica heladera, con la que estoy probando todo lo que me recomiendan. Por eso cuando un amigo y líder espiritual me mandó un vínculo a la edición online del diario británico The Times donde había una receta entre happy-flower y fasion-cul (con lo que a mi me gustan estas cosas), no dudé en llevarlo a la práctica.
Les traduzco una adaptación, ligeramente menos grasienta y dulce, de la receta:
Helado de miel y lavanda
Ingredientes
- 300ml de leche entera
- 1 palo de vainilla
- 1 cucharada sopera de flores de lavanda secas (¡cuidado, que no estén rociadas con productos químicos!) o un par de cabezas de flores frescas.
- 3 yemas de huevo
- 120 gr de miel
- 200ml de nata líquida
Procedimiento
Caliente la leche casi hasta el punto de ebullición y haga una infusión en ella con la vainilla y la lavanda. Pruebe a los 10 minutos y, si le parece que no sabe a flores lo suficiente, déjelo 5 o 10 minutos más. Luego escurra y reserve la leche. Tenga cuidado de no pasarse: se trata de que sepa a flores, no que parezca que esté comiendo un pupurrí floral a cucharadas.
A continuación haga una especie de crema inglesa (= natillas): En un bol aparte bata las yemas de huevo (previamente separadas, con mucho, estilo de las claras) y mézclelas con la miel. La cantidad de miel también es relativa, depende de lo fuerte del sabor de ésta. Vierta poco a poco la leche al huevomiel, lentamente para que no se corte el huevo y la mezcla cuaje de manera homogénea. Vierta toda la mezcla a la cazuela y caliéntela a fuego medio hasta adquirir la consistencia de unas natillas. En ese punto, deje la crema templar a temperatura ambiente. Cuando esté más o menos fría, penétrela (la crema) al frigorífico y déjela ahí unas 12 o 15 horas.
Una vez enfriado el brebaje, sáquelo del frigorífico y mézclelo con la nata. Use la heladera (o el método tradicional, con hielo y paciencia) para cuajar la mezcla y guárdela en el congelador un par de horas. Acuérdese de sacar el helado al frigorífico unos 10 minutos antes de consumirlo, para que adquiera una consistencia más adecuada que la de un trozo de hielo.
El resultado es un helado cremoso, de color dorado pálido y un sutil aroma floral. Si no se ha pasado con las flores, tendrá un sabor fresco y exótico que le sorprenderá en comparación con los helados de vainilla “de toda la vida”.
Link | Receta en Times Online




Olé, olé y olé.
Ya sabes que no soy muy de helados.
A mi la miel tampoco me agrada en exceso, y el toque a “hierba” es quizá demasiado para un paladar poco acostumbrado a sabores exóticos (tanto por imperativos biológicos como por falta de oferta en la zona…viaje ya!).
De cualquier forma hay que hacer experimentos culinarios, por lo que un voto a favor del helado fasssion-cul!
Pues qué casualidad, me pasaba por aquí para leer el twitter (cotilla que es uno!) y me encuentro el post (porque Google Reader aún no lo tiene). Qué helado tan británico!!!!!!! Con miel y lavanda, oh dear!
Es como para tomarlo en una reunión social y decadente en el “conservatory”.
En el último viaje justo me traje miel inglesa, que la echaba de menos, la que es dura (set) y blanca, se esparce como mantequilla (sobre la mantequilla!), aunque veo que para esta receta no es la idónea, porque es mejor que sea líquida.
Qué rico, tú, ¿no hay fotito del helado?
Ibán,
¿Foto? Ya habrá dado buena cuenta del helado.
Ya no quedará nada.
Jajajaja!! La verdad que vaya morro…debe ser la primera vez que sir Anthony no saca unas fotos del hallazgo.
¡¡Frigo-fijo que las hay!!
Saludos cordiales.
Conde de la Maza Jauna