Abordemos una cuestión que me ha preocupado, sin hacerme perder el sueño, varias veces los últimos años: ¿cómo debe ser el restaurante la cafetería de un museo?

Basándome en mi experiencia de trotamuseos, he llegado a la conclusión de que este tipo de establecimientos hosteleros debe cumplir una función básica para justificar su existencia: ofrecer un espacio y unos productos adecuados para que el visitante, que ha venido a ver el museo y no el restaurante, reponga sus fuerzas antes, durante o después de su jornada de apreciación del arte.

En ese sentido las cafeterías de museos como el Moderna Museet de Stockholm (que tiene web propia, diferente a la del museo) son claramente los que sirven de modelo. Ofrecen, durante el horario de apertura del museo, un self-service de platos del día, ensaladas, repostería y frutas en un entorno agradable e informal y con algunas de las mejores vistas de la ciudad.

Es verdad que se ha  puesto de moda otra forma de entender estos abrevaderos: que la comida, como manifestación artística que es, debería formar parte de las obras que el museo expone. Alguien podría decir, por ejemplo, que en museos de arte contemporáneo hay que optar por restaurantes sofisticados y modernos con chefs estrella y gente cul para dar una imagen de qué-guays-somos-cómo-molamos. A mi me parece que si alguien quiere abrir un restaurante-museo puede hacerlo tranquilamente. Pero hasta que a alguien, buscando la coherencia de la susodicha reflexión, se le ocurra servir comida de la grecia antigua en el British Museum o tiranosaurio al chilindrón en un museo de historia natural, me parecerá una argumentación estéril.

Si a eso le sumamos que un restaurante de este tipo (o de otro que no se conciba ad hoc como “cafetería de museo”) carece, al menos en España, de flexibilidad en su menú, nos encontramos con que al salir tras la comida de primero+segundo+postre (y café+copa+puro, si me apuran) o un menú degustación de dieciocho platos regado con cinco botellas de vino, nuestros bioritmos bailan más al son de la siesta que al de “nos falta por ver todo el ala impresionista y el siglo XX”. Puede que sea lo que busque la gente, pero no parece lo más apropiado para un museo.

Restaurante Guggenheim Bilbao

La propia web del restaurante reza:

¿Un museo excepcional? Sí, pero también uno de los mejores restaurantes de Europa. ¿Arte contemporáneo? Sí, pero también arte culinario, sabrosa creatividad. ¿Una escultura habitable? Sí, pero además un lugar de encuentro feliz para compartir y disfrutar de excelentes instantes gastronómicos.

En los últimos años la palabra Guggenheim ha llegado no sólo a ser sinónimo de arte de vanguardia, sino también de alta cocina. El museo vasco alberga en su interior uno de los mejores y más creativos equipos de cocina del país, dirigido por Josean Martínez Alija, un joven chef surgido de la fértil cantera de Martín Berasategui al que toda la crítica especializada coincide en señalar como uno de los chefs de mayor proyección en el panorama culinario internacional.

Si el talento que se esconde en los fogones del museo se combina con las posibilidades estéticas y espaciales del edificio de Frank Gehry, se obtiene un restaurante único en el mundo, capaz de responder a las demandas más variadas con idéntica brillantez y solvencia. Un aperitivo, un exquisito bistrot o una cena única, pueden convertirse en acontecimientos inolvidables.

Confíe el servicio y el estímulo del paladar a nuestro equipo.

Busque un motivo, una excusa, grande o pequeña, para regalar o regalarse: venga y disfrute.”

Parece obvio que el restaurante se concibe como un motivo alternativo para que los visitantes acudan al museo, y no como un servicio más que éste ofrece a los amantes del arte. Es por ello que me parece un establecimiento que parte de un error de base difícil de solventar por muy brillante que sea la ejecución.

¿Pero qué tal es la comida?

Pues la verdad, si ignoramos todo lo arriba dicho, no es que sea un mal sitio para comer.

Al hacer la reserva preguntan si deseamos mesa en el “restaurante gastronómico” (!) o en el “bistrot”. El primero dispone de un menú degustación y una carta. El “bistrot”, en cambio, da a elegir en su carta entre un pequeño menú degustación “Sabor y naturaleza” y un “menú bistrot” de tres platos a elegir. He de subrayar, muy disgustado, que estos menús NO se cambian cada día. Supongo que serán estacionales.

Aunque seducidos por la oferta del “restaurante gastronómico”, optamos por el más económico bistrot.

Antes de empezar, al sentarnos en las barrocas sillas Hat Trick (diseñadas por Frank O. Gehry para Knoll), vemos que hay en la mesa un pequeño aperitivo. Intrigados, preguntamos a la camarera qué era, atún o salmón. No nos supo responder. “Es que lo van cambiando cada día”. Empezamos bien…

El Sr. I elige un Pastel de cabracho cuajado al horno, con vinagreta de tomate, chalota y ali-oli ligero. Un clásico.

El Sr. G opta por la Patata “spunta” asada sobre un tartar de verduras, láminas crocantes de espárrago triguero y brotes de varias lechugas aliñadas con “pistou” picante. Nada digno de mención.

Yo me decanto por la Tosta hojaldrada con tomate, matices de albahaca y lomos de anchoa escabechados con lechugas variadas. El hojaldre, recalentado, en contraste al fuerte sabor de las anchoas escabechadas. Sencillo pero elaborado, clásico pero con un toque fresco. A mi me gustó.

De segundo, el Sr. G pide unos Chipirones (Chipirones Pelayo) salteados sobre cebolla caramelizada y una pincelada de tinta negra. “Muy buenos, pero me acabo de tragar un pimiento de cayena entero”. Un error lo tiene cualquiera…

Tanto al Sr. I como a un servidor nos atrajo el Roastbeef de ternera, cortado en finas láminas con ensalada de pimientos morrones asados y romesco, si bien no nos hizo gracia que nos explicasen qué era el Roast Beef tras haberlo elegido. Si no sé lo que es, lo pregunto. Si lo he pedido, no hace falta que me lo explique. Aunque visto el corte de la clientela que nos rodeaba, quizás era necesario explicarlo. Un plato sin demasiada gracia pero correcto y sabroso.

De postre, para el Sr. G, los Pedazos de melón, servidos en una infusión fría de menta y helado de vainilla. Dijo que el helado estaba excelente.

Para mi, el Plum cake de melocotón, con mousse de tomillo - limón y helado de queso. Un plum cake extrañamente viscoso, un helado correcto y una mousse excelente.

Para el Sr. I, Fruta de la temporada a elegir. Sacaron el frutero entero, como debe ser. Al hacer esta elección, al principio de la comida, la camarera se quejó con un “pues qué pena”. No voy a echarle la bronca a I por venir a un restaurante así y pedir fruta… pero bueno, tenía razón.

Para terminar: un café Illy y una invitación (no está muy claro si era un “vale”) que nos invitaba a disfrutar de una copa “en la terraza nocturna del Museo Guggenheim Bilbao: un espacio agradable en un entorno espectacular, con música chill out, mobiliario de vanguardia y una suave iluminación”. Un poco repelente, ¿no les parece?

Conclusión

A modo de resumen de este artículo que TAMBIÉN me ha salido eterno y aburrido: si nos olvidamos de que NO es el tipo de establecimiento que debería ser, el menú bistrot del restaurante Guggenheim está entre los mejores menús del día que he probado en Bilbao, a pesar de alguna que otra impertinencia del servicio. Eso sí, son 20 euros por barba…

Link | Restaurante Guggenheim
Fotografías | Flickr


12 comentarios a “De museos y restaurantes: Guggenheim Bilbao”  

  1. Gravatar Icon 1 Huinen

    Hombre, visto lo que comisteis, 20 euros me parece bastante asequible, aún siendo un menú del día.
    Me apunto el sitio porque, aunque parezca mentira, no he visitado nunca el Guggenheim, y eso que vivo relativamente cerca.

    Un saludo.

  2. Gravatar Icon 2 jb

    caramba, 20 lerus casi me costaron la merienda de mi pitufa y los dos cafes que nos tomamos mi sra y el menda hace un par de veranos… si lo se me pido el menu

    v’sss

  3. Gravatar Icon 3 HDP

    GRACIAS X SU COLABORACION, Y NO HACE FALTA QUE VAYAS A COMER AL BISTROT DEL GUGGEN PARA PARA HACER ENTERAR A LA PEÑA: NO ” QUE ES UNO DE LOS MEJORES BISTROT DE BILBO” SINO EL MEJOR, A VER SI LO PUEDEN ALCANZAR, HAY QUE PONERSE MUCHO LAS PILAS. QUE TAL EHHHH

  4. Gravatar Icon 4 Anónimo

    Me voy a cenar. anda, un lapiz. Igual me como la goma. sabe bien.
    Necesito dormir

  5. Gravatar Icon 5 rafael garcia santos

    Que ganas de decir sandeces, chavalito has comido en el mejor bistrot de bilbao, hoy en dia cualquier pipiolito se digna a decir lo que quiera de los restaurantes o critica sencillamente sin tener ni puta idea…..sin ofender…..alimentate de mc donals que criticaras mejor….un saludo…..Rafa!

  6. Gravatar Icon 6 deivid

    JESÚS, Munduate, vaya panda de trolls se te han colao en tus dominios. Es el peaje que hay que pagar cuando uno escribe con dominio y soltura de los restoranes 2.0 y 3.0. Una vez más, hilas fino: tus fans 1.0 esperamos con ganas tu próxima entrega. Amitiés Gourmandes y a los que tu blog les raspe, se enjuaguen con ORALDINE, mañana, mediodía y noche. AMEN

  7. Gravatar Icon 7 MunduJr

    Huinen:

    Lo de los 20 euros, como casi todo en esta vida, “depende”. Al fin y al cabo estamos hablando de un establecimiento de lo que yo llamo la corriente “cocina zara”. Es decir: cocina de diseño, fabricada en serie. Pero bueno, para gustos los colores, y para cada bolsillo, una cartera.

    jb:

    Jejejeje. Pues sí, la próxima vez debería pedirlo.

    HDP:

    De nada. Pero, no entiendo su comentario. Y por favor, reservemos las mayúsculas para cuando queramos poner énfasis en algo concreto. Es netiquette básica.

    Anónimo:

    Jajajajaja. Se ve que no soy el único que no ha entendido el comentario anterior.

    rafael garcia santos:

    Lo que ofende no es que ponga en duda mis conocimientos gastronómicos, sino que use usted el nombre de un crítico gastronómico de reconocido prestigio con el fin, intuyo, de atacarme porque mi opinión sobre éste u otros temas es posible que le moleste. Esta mañana he contactado con su oficina y me han confirmado que no es el Sr. García Santos el que ha escrito ese comentario, tal y como esperaba.

    Personas como usted son un insulto al honor de gente como Rafael, y un insulto a la inteligencia de este blog, su autor, y sobre todo sus lectores.

    Desconozco su identidad y las razones de le han llevado a suplantar la a este señor, pero le invito a que no haga acto de presencia nunca más por estos lares, si tiene usted algo de dignidad e inteligencia.

    Por cierto: yo me alimento de lo que me viene en gana y mi bolsillo puede permitir.

    deivid:

    Qué le voy a contar yo que usted no sepa, mi idolatrado David.

    Es un honor, además de un placer, contarle entre los lectores de mis enrevesadas reflexiones, últimamente de dimensiones bíblicas. Gracias a gente como usted, intentaré seguir relatando las aventuras tasquiles (o no) que me vayan surgiendo.

    * * *

    Muchísimas gracias a todos por sus comentarios. Siento que el ritmo del blog se haya ralentizado. Intentaré darle marcha en los próximos días.

  8. Gravatar Icon 8 Count van der Maza

    Al insigne blogger:

    Esto de acuerdo con el fondo y la forma de lo expresado. No entiendo la mala leche (en el caso de la crítica de “El Lagar”), ni las ganas de suplantar la identidad de alguien (el caso de hoy) que se le mete a la gente entre ceja y ceja.

    Innovación, supone tener un mínimo de intelegencia para usar la mala leche que podamos tener por los comentarios que hagan de nuestro trabajo, para convertirlo en reto a superar (si es que procede mejorar).

    Innovaremos el día que veamos, o mejor, asimilemos, que la crítica supone una fuente de mejora inmensa…y no un ataque “ad hominem”.

    Innovar, al fin y al cabo, es tener dos dedos de frente.

    Dicho lo cual, yo no he estado en el restaurante del Gugi, por lo que anoto el sitio para la siguiente visita.

    Saludos cordiales y buen fin de semana.

    Conde de la Maza Jauna

  9. Gravatar Icon 9 Ibán

    (La siguiente opinión está algo “dated”, pero bueno, es la única que tengo al respecto).

    Cuando trabajaba de guía en el Guggenheim no era raro que comiera en el restaurante (curiosamente más veces en el restaurante “gastonómico”, me encanta eso, es para enmarcarlo, restaurante gastronómico). La verdad es que (por aquella época también comí en el Kursaal), había platos casi repetidos en ambos menús, y tanto el ambiente (el ruido en el Guggenheim es insoportable, restaurante con peor acústica/sonoridad del mundo), comodidad, incluso vistas…gana por goleada el restaurante donostiarra.
    También he comido en la parte bistrot, pero creo que antes no era “Bistrot”, era simplemente menú del día (por oposición al “gastronómico”)…y la verdad es que no iba muy allá (pero ya digo que los míos son recuerdos lejanos).
    Recuerdo con especial gusto un rabo que comí allÍ (con perdón), muy rico, tostadito por fuera pero que se deshacía por dentro.
    En mi experiencia/opinión (siempre pretérita) no era este uno de los lugares donde iría yo por gusto (tal vez es que estaba harto de ir al Gugg todos los días), así que me alegra ver que han mejorado.

    (Por cierto, cómo se está poniendo la blogosfera, tú).
    (Por cierto(2), sigo con interés/preocupación tus comentarios del twitter sobre lo que imagino es la evolución de “lo que os lleváis entre manos”. Espero que la cosa mejore, ya me contarás).

  10. Gravatar Icon 10 Ibán

    ¡Ay! Que se me olvidaba lo que iba a decir (los recuerdos me han nublao el entendimiento). Sobre las cafeterías/restaurante de los museos… La verdad es que puedo estar de acuerdo hasta cierto punto en lo de que un copioso (y “gastronómico”) menú no es lo más adecuado para adentrarse en Cy Twombly. Peeero, por otro lado no veo mal que el museo actúe como una especie de “aglutinador” cultural/artístico. Así que, de la misma manera que se programan películas, ciclos de cine, actos, charlas, encuentros que van más allá del mero programa expositivo…pues el apartado gastronómico se puede sumar.
    También hay que decir que dentro del museo (en la sala Fish), hay una cafetería (o la había antes) que podría cumplir un poco lo que se encuentra en otros sitios y reivindicas (una oferta más informal y ligera: ensaladas, sándwiches, snacks, cosas rápidas para degustar entre exposición y exposición, un sitio donde hacer un alto). Tal vez la solución fuera potenciar ese lado y ofrecer ese plato único ligero pero aptetitoso, “fácil”, que se encuentran en otros sitios (a mí me gustaba mucho la cafetería/restaurante del Stedelijk de Amsterdam)…pero, por otra parte…si una oferta así no es fácil de encontrar en nuestras ciudades (no nos engañemos, a veces es difícil encontrar restaurantes que no ofrezcan menú del día de 2 platos y postre)…entonces, ¿por qué habría de ofrecer el museo algo similar?

  11. Gravatar Icon 11 toritobravo

    Pos sí. En el gugenaim se come bien. 20 ouros. Barato-caro? Hombre, la presentación no es la de un menú de 9 ouros, ni la calidad de los alimentos los de un menú de 9, aunque por mucho que la descripcion de cada plato sea un poema, no deja de ser por ejemplo patata y ensalada de lechuga. Pero es que, ¡NO hay muchos sitios así! ¿Basta eso para que nos cobren 20 eurakos? NO!!!!!!!!!!!!! La calidad NO es el doble d buena. Pero claro, estás comiendo en el Gugen y, eso se paga. Aunque también puede pasarte que te toque comer con vistas a la puerta (que no deja de abrirse y cerrarse) de la cocina…

    En fin, yo añoro la terraza del snack-bar del Louvre. Y a mí me parece que en estos chiringüitos deben ofrecer desde tentempiés, hasta menús degustación.

    El domingo, to the one point zero of izaskun, ¿te apuntas?

  12. Gravatar Icon 12 Adrian

    Hola, la verdad es que me ha llegado un link de una amiga con todo esto, y no suelo meterme en este tipo de discuciones en las que algunos simplemente carecen de sentido, solo decir que trabajo en dicho rte, y me alegro que te haya gustado, y animo a todo el mundo a probar lo que hacemos dia a dia en nuestra cocina, y a ser mimado por toda nuestra gente de sala!!! que con tranquilidad puedo afirmar que te sorprenderemos! ojala tengas la posibilidad de probar algun dia el famoso gastronomico! seguramente tambien te gustara mucho!

    un saludo!

    hasta otra!

    Adrian.

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