… o de cómo ante la amenaza de “una Carmen fiel al original” en el Kursaal, el Conde y yo optamos por emigrar a tierras cantabronas en busca de Europa.

Cierto es que la tradición que goza la Quincena Musical de San Sebastián (e intuimos que su presupuesto) suele dejar en un segundo plano al Festival Internacional de Santander, por mucha solera que éste tenga. Sin embargo, el panorama musical donostiarra no atraviesa su mejor momento: la programación poco interesante de la Quincena este año, la práctica inexistencia de programación musical en el recién remodelado Teatro Victoria Eugenia, la sempiterna endogamia artística recorriendo los escenarios de la Gipuzkoa profunda, la poca transcendencia que el aparentemente excepcional Centro Superior de Música del País Vasco, Musikene, está teniendo más allá de sus muros (en “provincias”, no se les ve el pelo), … todo ello hace que a un espectador interesado le aborde el temor de que ese inmenso navío llamado “Música culta”, movido por los vientos del dinero público, navegue a la deriva.

En este contexto, que el magnífico y regular conjunto francés Les Arts Florissants visite algún tablao en varios cientos de kilómetros a la redonda, siempre bajo la pluscuamperfecta batuta de William Christie, es una buena excusa para abandonar la aburrida vida del exiliado musical habituado a círculos de pseudo-estetas rimbombantes y excitadas masas de ignorantes ruidosos. Y si a eso le sumamos la actuación de una de las mejores mezzo-sopranos de la actualidad, la sueca Anne Sofie von Otter, la ocasión se convierte en imperdible.

He ahí que el Conde de la Maza y un servidor nos comimos unos 500 kilómetros para tal fin. Y mereció la pena, no sin darnos excusas para poner a parir a diestro y siniestro sin tener que ser demasiado quisquillosos, pero eso suele ser la tónica habitual en este país: ¿para qué vamos a hacer las cosas bien, pudiéndolas hacer mal gastando el doble?

Compramos las entradas a través del penoso sitio web del Festival; 32€ por barba, las entradas más baratas (102€ las más caras), sin descuentos de ningún tipo. Las imprimimos en un cajero de la ciudad, en soporte de papel barato del que da cualquier cajero como comprobante de una operación. Empezamos bien.

Nos sentamos en nuestras butacas de la zona D2, fila 32, butaca 35. Unos cinco minutos antes del concierto empezamos a preguntarnos si la mitad del auditorio pensaba llegar tarde a la cita. Qué va, qué va, es que la mitad del auditorio, sencillamente, NO VENÍA.

Empezó el espectáculo. En la primera parte, desde nuestras butacas, oímos conversaciones, timbres de teléfonos, toses, caramelos… de todo menos la voz de la von Otter, que se perdía en la inmensidad espacial y la absurda acústica de la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Es lo que tiene la polivalencia. Pero me esperaba algo más de Sáenz de Oiza, uno de los más grandes arquitectos españoles de la segunda mitad del siglo XX.

En la segunda parte, tras degustar unos hojaldres de Torrelavega en el descanso, decidimos emprender un éxodo descendiente hacia las localidades más cercanas a la procedencia del sonido (me refiero a los músicos). Tuvimos suerte y, tras pedir permiso a los vecinos, nos aposentamos en dos butacas vacías entre una elegante señorona a nuestra izquierda y un añejo caballero con cara de chatarrero judío a la derecha, a unas 10 filas del escenario.

Dada la cercanía, ni la infumable acústica ni la conversación que nuestro parlanchín vecino el chatarrero mantuvo en todo momento con su señora (o no), nos privaron esta vez de disfrutar de los fragmentos musicales del barroco francés compuestos por Jean-Philippe Rameau con los que nos bendijeron. Un sonido perfecto, un equilibrio admirable, unos tiempos exquisitos y una voz maravillosa. Había merecido la pena recorrer 500 kilómetros (250 de ida y otros tantos de vuelta): disfrutamos de 45 minutos de dionisíaca belleza. De Europa.

Y poco a poco, el miedo quitado, ora sus pechos le presta
para que con su virgínea mano lo palme, ora los cuernos, para que guirnaldas
los impidan nuevas. Se atrevió también la regia virgen,
ignorante de a quién montaba, en la espalda sentarse del toro:
cuando el dios, de la tierra y del seco litoral, insensiblemente,
las falsas plantas de sus pies a lo primero pone en las ondas;
de allí se va más lejos, y por las superficies de mitad del ponto
se lleva su botín. Se asusta ella y, arrancada a su litoral abandonado,
vuelve a él sus ojos, y con la diestra un cuerno tiene, la otra al dorso
impuesta está; trémulas ondulan con la brisa sus ropas.

Metamorphoseon, Ovidio

Aplaudimos vigorosamente mientras nuestra vecina, la señorona, nos miraba pasmada y nos decía “me alegro de que os haya gustado”. “Más nos alegramos nosotros, señora”, respondimos, mientras pensábamos en emular a Zeus y, convertidos en toro, seducir a Europa para raptarla y nombrarla reina de Creta África.

Fotografía | Flickr


6 comentarios a “Europa nos visita…”  

  1. Gravatar Icon 1 Count van der Maza

    Al blogger más europeo de este lado (izquierdo) del Bidasoa desde Flughafen Eguía:

    Hay veces en las que sin ningún género de dudas hay empresas grandes, gobiernos grandes… y festivales grandes que se convierten en grandes empresas, grandes gobiernos (esto un poco dudoso)… y grandes festivales en el sentido más noble de la acepción. El camino puede labrarse con trabajos bien hechos, suerte y dinero…en cantitades diferentes dependiento de la latitud en la que nos encontremos. Pero, créanme, que hay gente empecinada en hacer la cosas BIEN.

    Muy a mi pesar ese no es el caso de la Quincena. La cosa es que un solo concierto como el de Les Arts Florissants justificaría la adquisición del abono, pero como eso no sucede hay gente que no duda una micra de segundo en NO pedir el abono de la quincena. Si a eso le unimos la CHAPUCERA política de reparto de entradas en base a la ANTIGÜEDAD del socio (= Amigo de la Quincena) en vez de adjudicar las entradas en función de la orden de petición (como se hace en todo el mundo europeo con el método “first come, first serve basis”). NO.

    Es decir, existe una tarjeta de Amigos de la Quincena que NO sirve para NADA…o para DISCRIMINAR…manteniendo unas reglas del juego ABSURDAS.

    Y para finalizar (con las críticas a la Quincena), el absurdo se materializa de manera plástica o gráfica…desarrollando una Quincena que dura más de un mes. Dar de comer a todas las bocas ambrientas jipuzkoanas sale “caro”…

    La velada santanderina. Memorable. Estoy de acuerdo con todo lo dicho por sir Anthony y añado, por si alguien no se ha percatado, que la descripción del público se asemeja al easonense…

    Yo, que iba con una resaca moderada y siendo el concierto a las ¡¡21:00!! horas, me temía lo peor…pero no, me espibile echando leches y disfrute de la orquesta, del director y de la FRIKI von Otter. ¡Qué mujer más friki! (¿o apasionada por lo que hace?).
    El gozo lo resumió Fernando Argenta que no paró de lanzar bravooooooooos.

    Conclusión. Esto no es Europa. No pierdo la esperanza de que lo sea…pero por ahora nos hemos de conformar con Sus Visitas.

    Saludos cordiales.

    Conde de la Maza Jauna

  2. Gravatar Icon 2 Escondew

    Hola Conde, ¿por que dices? <>

  3. Gravatar Icon 3 Count van der Maza

    Buenos días, Escondew:

    ¿Por qué digo qué?…

    Saludos

  4. Gravatar Icon 4 T-Bone

    Hola a todos,

    El concierto que visteis tiene muy buena pinta, la verdad. Dejando lo musical de lado, veo que tuvisteis la opción de cambiar un círculo de pseudo-estetas rimbombantes y excitadas masas de ignorantes ruidosos por otro ;-) . Es lo que tienen las masas de ignorantes, que están en todas partes… Yo también pertenezco al club de las masas de ignorantes, por cierto, ignorantes pero que también disfrutan, igual que lo hacen los cultos. Eso sí, ¡no ruidoso!

    Debería estar prohibido que las mujeres (y los hombres, aunque es menos común) llevaran joyas de ningún tipo (estoy hasta las narices de las pulseras que se chocan cada vez que se mueve un brazo) o bolsos con cremalleras de más de 10cm (el típico bolso siendo abierto con “suavidad” durante 30 segundos, y luego cerrado por supuesto…), habría que electrocutar al que le sonara el móvil y por supuesto decapitar al que tras haber tenido un episodio de tos y la oportunidad de dejar el concierto en un cambio de obra, decide quedarse y tiene otro episodio de tos…

    En esta Quincena no todo ha sido tan horrible… La canción de la tierra, Los planetas de Holst, Iolanta o las cuatro últimas canciones de R. Strauss han estado realmente bien. En cuanto a la forma (chapucera según van der Maza) de repartir las entradas en función del número de socio seguro que es algún tipo de sistema de “fidelización forzada” que evita que la gente se dé de baja como amigo en años en los que sabe que no va a acudir a Quincena… Un sistema con sus pros y sus contras pero está claro que con este sistema se consigue que un amigo joven no pueda conseguir una entrada con visibilidad para ir al Victoria Eugenia…

    Y no, no somos Europa pero no estamos tan alejados. En Europa también hay masas de ignorantes. La gente de Copenhague también ocupa asientos con jerseys para cuando vengan sus amigos/familiares en la catedral… Además el no ser Europa a veces nos viene bien y nos permite tomarnos ciertas licencias latinas como comprar entradas baratas y a medio concierto cambiar y disfrutar de asientos por los que no habíamos pagado ;-) .

    Un abrazo.

  5. Gravatar Icon 5 Count van der Maza

    Al insigne T-Bone:

    Cuando critico a la Quincena Musical de Donostia es porque estoy hasta las mismísimas narices de comentarios como los del señor Elzo que hoy mismo podemos leer en El Diario Vasco.

    Link: http://www.diariovasco.com/20080906/al-dia-local/gipuzkoa-suya-abierta-20080906.html

    Afirmaciones como “Es difícil hacer más, con tanta calidad y con tan poco dinero”, en referencia a la concepción y a la gestión de la Quincena. Ese, precisamente, es el error de la mentalidad guipuzcoana que está llevando a Gipuzkoa a una parálisis de física y, si me lo permiten, existencial.

    Eso, o ver a todos los “non fee payers” y chupópteros (=jetas de todo y lomo), en la entrada del Kursaal me pone de los nervios. En las bibliotecas, teatros y otros edificios emblemáticos de la cultura en muchos países de Europa se pueden apreciar gentes y organizaciones que pueden sentirse orgullosos por las cosas que tienen debido a que han puesto los medios de SU bolsillo mediante donaciones y demás gestiones. Eso es motivo de orgullo para TODA la sociedad. Eso es Europa. O por lo menos la Europa que yo quisiera. En el Kursaal, sin embargo, veo la decadencia y el “stablishment” jipuzcoano saludándose de manera muy reconfortante. Es decir, la mafia. Eso no es progreso, es un bluf. Son gente bluf, sí.

    El señor Elzo pertenece a la élite guipuzcoana. Yo no, por eso digo que esta provincia nuestra no es una provincia vibrante, llena de vida y con ganas de hacer cosas. Y me da pena, mucha pena. Dirán que los bilbaínos son autocomplacientes. Quizás lo sean, pero la diferencia radica en que son complacientse CON LAS COSAS QUE VAN HACIENDO. Nosotros, sin embargo, somos complacientes CON LO QUE TENEMOS.

    Casualidades de la vida, ayer tuve la ocasíón de hablar con la persona que cambió el rumbo de la economía vasca gracias a sus ideas y sus esfuerzos desde sus responsabilidades de gobierno. Y esa persona decía que a Bilbao le había salvado su afán por los grandes objetivos (las bilbainadas, vamos), mientras que a Donosti le estaba pasando factura tener un marco natural impresionante. Una descripción exacta que retrata nuestra situación real.

    Sea como fuere las cosas no se están haciendo bien. No sé, T-Bone, que pros puede tener un sistema mafioso, excepto que beneficie a sus miembros. Eso es una chapuza, se mire por donde se mire. No sé por qué auditorios y teatros de Europa habrá entrado, pero yo, en mi mismidad misma, he encontrado entradas más baratas que las aquí ofrecidas en todos y cada uno de los países que he estado. Y si he querido me he cambiado de sitio. Es decir, que lo que usted describe no es una licencia latina.

    Lo peor de no ser Europa no es que se dé esa situación. Hay zonas que no Europa y no pasa nada: son Asia, América, etc. El problema fundamental es empeñarse en aparentar que eres…cuando no lo eres. Esas cosas son las que derivan en un bluf, un bluf llamado Gipuzkoa.

    Hoy terminará la Quincena. Lamentablemente me he perdido la Canción de la Tierra de Mahler y Iolanta. Mala suerte.

    Que pase un buen fin de semana.

    Saludos cordiales.

    Conde de la Maza Jauna.

  6. Gravatar Icon 6 Count van der Maza

    Ah, se me olvidaba. No todo iba a ser malo.

    Siempre nos quedará Guille Viglione: http://www.diariovasco.com/20080906/ultima/orquesta-20080906.html

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