El pasado viernes unos amigos (”los de siempre“) me acompañaron a cenar en un restaurante al que hacía tiempo que quería ir por lo bien que hablaban de él. No se trata de ningún restaurante de tantas estrellas Michelin ni de lo último que ha abierto Alan Yau, sino de un sencillo establecimiento situado en el pueblo guipuzcoano de Berrobi, a unos 6 Km de Tolosa. Por ello las expectativas marcaban dos opciones posibles: un “Barranquesa” de más o menos categoría, o uno de esos lugares típicos de comarcas provincianas, que se especializan en cobrar demasiado por cenas de trabajo o despedidas de soltero “chic” a base de “ensaladas templadas” y chuletones.

Como siempre digo, hay que entender lo que voy a decir en el contexto de esas expectativas.

Comenzó la cena con unas simples croquetas a modo de aperitivo… peeeeeero, los gemelos son celíacos, así que nos las comimos entre el Juli y yo. La camarera, una señorita no excesivamente simpática, nos trajo la carta y pedimos:

Entrantes

 

 

Iban pidió para empezar unas “Verduras salteadas con láminas de jamón ibérico”. Para tal viaje, sobraban alforjas: que las verduras fuesen frescas y que el jamón fuese ibérico no justifica cobrar 11.50€ por una ración relativamente pequeña de verduritas.

George eligió el “Huevo de caserío a baja temperatura con morcilla de Burgos, ajo fresco y dados de panceta ibérica”. Confieso que no la tomé yo mismo por vergüenza (¡yo excediéndome en calorías! ¡si a mi me engordan los nervios!), y porque resultaba excesivo para la cena… incluso para mi. Una combinación más o menos clásica de revientavenas de la tierra. Una apuesta segura pero no por ello abundante en las cartas vascongadas.

El Juli: “Foie caramelizado con láminas de manzana y puré de cebolla”. Lo probé porque el chaval tenía empacho (como siempre). Le pasa como al “Milhojas caramelizado de foie gras, anguila ahumada, cebolleta y manzana verde”: la combinación de sabores (foie, manzana y cebolla, otro gran clásico) es interesante, pero “en cantidades industriales” (=fuera de un menú degustación, a modo de plato… plato) resulta excesivo y empalagoso.

Para mi: “Pasta fresca negra con chipirones y crema de cigala”. La pasta, bien. Los chipirones, otro clásico de intenso sabor. La crema de cigala: ¡excelente! Un buen plato.

Platos principales

Ibán tomó el “Huevo de caserío a baja temperatura con morcilla de burgos, ajo fresco y dados de panceta ibérica” con el que empezó la cena su hermano. Todo está dicho.

Gorka: “Carrilleras de ternera guisadas con puré de orejones”. Yo soy un fanático seguidor de las carnes intensas cocidas en salsas oscuras a base de vino y hortalizas. Siempre me ha parecido que los restaurantes tienen dos opciones: innovar o recuperar estos magníficos platos tradicionales, la caza, las sopas consistentes de antaño, etc. Era una opción segura y el resultado no defraudó.

Julen y yo coincidimos: “Presa de cerdo ibérico asado a baja temperatura con puré de orejones”. Curioso: las carrilleras de Gorka y nuestra presa compartían guarnición, pero los dos platos fueron servidos con diferentes salsas… y ninguna de ellas era el prometido puré de orejones. Un plato correcto, bien hecho, demasiado sencillo para mi gusto. ¿Por qué no asar el cerdo ibérico con algo más de “gracia” (=hierbas aromáticas).

Nos quedamos con las ganas de degustar el “Cochinillo de “Usarre” asado con guarnición”. Sólo se servía por encargo.

Postres

Algunos postres, marcados con un asterisco en la carta, había que pedirlos junto a los entrantes y los platos principales. Así hicimos Julen y yo.

Iban: Café con leche, corto de café. Las aspiraciones “sofisticativas” del sitio se vieron seriamente afectadas por la presencia de bolsitas de azúcar de “Zabala kafeak”.

Gorka optó por la “Sopa de yogurt con helado de mandarina”. El helado de mandarina, si es casero, da resultados bastante reconfortantes… desgraciadamente, desconozco si éste era el caso.

Juli se decantó por el “Souflé de chocolate con helado”. El otro Iban (que en su último post nos enseña cómo fusiona lo vascongado con lo indio, no se lo pierdan) dice que el chocolate ha arruinado o sustituído un gran número de postres tradicionales. A pesar de mi theobrominomanía crónica no puedo sino concordar con él y éste es un claro ejemplo: con la cantidad de postres caseros que uno esperaría encontrar en Berrobi… y lo que le ofrece la carta es un mediocre soufflé de chocolate. Una pena, la verdad.

Yo comí unas “Torrijas caramelizadas”… bueno, en realidad sólo servían una. Es curioso que la torrija caramelizada se está convirtiendo a los postres lo que la ensalada templada ha sido para los entrantes (y el negro arnoldiano para la vestimenta): un nuevo icono de modernidad y elegancia para que la izquierda aberzale se sienta rompedora y vanguardista a la par que fashion y elegante. Estoy deseando que le llegue el turno a la triquiticsa y la chalaparta (y al partir troncos y levantar piedras). Acompañando a la torrija, un Helado de café. No soy yo muy de café.

* * *

La decoración, entre neo-baserri y fashion-ikea no es nada del otro mundo, pero tiene el mínimo de sofisticación exigible a un restaurante no especializado en huevo_frito_con_chistorra.

Que esté en medio de la nada (desde el urbanitismo crónico que también padezco) tampoco es que facilite la visita de gente de fuera… pero tampoco está tan lejos de Tolosa (unos 6 Km).

La página web anunciada en las tarjetas de visita del restaurante ( iriartejatetxea.com ) NO existe. Voy a ignorar este detalle a la hora de dictaminar mi juicio, aunque me resulte incomprensible que en el siglo XXI todavía se den estos casos. ¡Especialmente si se anuncia!

VEREDICTO: Iriarte es un restaurante “casero” donde las aspiraciones vanguardistas NO están del todo reñidas con reminiscencias tradicionales NI con una cuenta que no comprometa el pago de la hipoteca a final de mes. Tales aspiraciones se reflejan en ideas frescas y prácticas (¡funcionan!) como no es habitual por estos lares. Por ello creo que se merece un 7 = NOTABLE (JUSTO). Si repito la visita dentro de unos meses, que lo haré, y veo que la carta va adaptándose a los productos de la temporada (lo cual creo imprescindible para la supervivencia cualitativa de un restaurante de este tipo) lo podríamos dejar en “NOTABLE” a secas sin ningún problema.

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3 comentarios a “Donde el sol ilumina el valle”  

  1. Gravatar Icon 1 waneonwani

    Excellentissime monsieur Worldgate,

    Es usted NOTABLEMENTE exigente. Lo cual no me parece incorrecto.

    Peeeeeeeeeeero, decir “Un plato correcto, bien hecho, demasiado sencillo para mi gusto”… ¿No es la sencillez una virtud? Unos huevos fritos BIEN HECHOS son sencillamente geniales (que no genialmente sencillos) sin necesidad de acudir a “juegos artificiales”.

    Volveremos.

  2. Gravatar Icon 2 Count van der Maza

    Bien, bien…parace que es posible el milagro en Jipuzkoa…

    ¡¡¡Veremos cuanto dura!!!

    Caña y pinTXo de tortilla a que no van cambiando las verduras según la temporada…remember Findus Power…

    Ci vediamo,

    Conde de la Maza Jauna

  3. Gravatar Icon 3 MunduJr

    @WANEONWANI

    Hombre… he dicho “DEMASIADO sencillo”. La sencillez puede ser una virtud (o no), pero recuerde que “la virtud está en el equilibrio”. Odio esa frase… ¿significa eso que la virtud está en el equilibrio entre una chapuza y la perfección? ¿¿¿así que no es una virtud ser perfecto???

    Diría más bien que los excesos no son buenos. Eso me gusta más.

    @COUNT VAN DER MAZA

    He dicho al comienzo que interpreten el artículo de acuerdo a su contexto de expectativas. De ahí a que sea una maravilla que no me haya encontrado lo que esperaba (un Barranquesa o un “overpriced ruralchic”)…

    Gracias por sus comentarios.

    SIR ANTHONY WORLDGATE.

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