This is art imitating life
Está alcanzando la categoría de mítica la discusión que mantengo con SuperAurreskuMan acerca de si la gastronomía es arte. No hará falta decir que yo mantengo la postura afirmativa, mientras S.A.M. defiende el “no”.
Hoy, como “lunes gastronómico”, haré referencia un hallazgo de un aliado, en el New York Times, de gran peso para mi causa: se trata de Mark Bittman, experto gastronómico del NYT, que en uno de sus habituales e imprescindibles reportajes (busquen “minimalist”, que es su apodo, en el apartado de vídeos de NYTimes.com) nos habla de su visita a El Bulli, el restaurante de Ferrán Adriá.
Con la inestimable ayuda del media-chef e improvisado traductor José Andrés, Adriá cuenta a Bittman cómo prepara las “aceitunas esféricas” que propone como aperitivo (!) en su restaurante.
Para ver el video en cuestión, simplemente hagan click en la imagen a continuación:
Como pueden escuchar al final del video, Mark Bittman suspira “An olive made out of an olive; this is art imitating life” (= una aceituna hecha a partir de una aceituna; esto es el arte, imitando la vida).
Un testimonio más a favor de esa tesis, que la gastronomía es arte. Y una prueba más de la genialidad del chef catalán.




Magnífica demostración de pericia científica de Ferrán Adriá. Ahora espero ver las olivas cuadradas… o triangulares…
Yo sigo en mis trece, y mis argumentos ya los conoces bien.
Por cierto, como chupa cámara el José Andrés.
Dice la Real Academia de la Lengua que la gastronomía es el arte de preparar una buena comida. Pero donde dice arte creo que se refiere a habilidad, o algo así, porque la gastronomía no es arte, al menos en mi opinión (¿qué se puede esperar de un fan de las chuletas?). No hay nada intelectual ni espiritual en rebañar la salsa del estofado. Cuando mi madre cocina huevos fritos no busca reflejar su estado de ánimo en la yema ni provocar en mi ningún tipo de inquietud cultural. Al menos es mi impresión.
La gastronomía (hablo de la que conozco) sí está relacionada con la cultura y con el folklore (¡¡¡indígenas rodeados de chuletones!!!), pero es más medio que fin, es una excusa para que la gente se reuna y se exprese. Y a lo más que se aspira cuando uno cocina es a que le feliciten por lo rica que estaba la comida.
Dicho esto quiero decir que me ha encantado lo de las aceitunas. ¡Me encantaría probarlas!. Estas aceitunas sí me parecen arte. Porque aunque la gastronomía no sea arte, sí se puede hacer arte con la gastronomía. Muchas aceitunas unidas para hacer una sola… ¿Será más rica que una normal? ¿Concentrará el alma de las aceitunas que la componen o se ha perdido alma en el camino? ¿Tienen alma las aceitunas? ¿Cree el cocinero en la reencarnación? Todo arte…
¡José Andrés no sé si tiene alma pero es un pesado! ¿Puede la tierra tragarse a alguien que sale en un vídeo?
This is art imitating life. Aprovecho para recomendar una película. Imitation of life. De Douglas Sirk. 1959. Un drama. Tampoco tiene nada especial la verdad. Pero he llorado las dos veces que la he visto (sólo se llora al final) y eso me encanta. Supongo que Mahalia Jackson ayuda.
Magno Mr. T-bone,
Antes de empezar aclaro que no me gusta iniciar discusiones en los comentarios de mi blog, si no es mediante el propio post, naturalmente. Sin embargo hoy voy a hacer una excepción para apostillar brevemente una corrección que veo necesaria a su punto de vista.
Dice usted que la gastronomía no es arte cuando su madre cocina huevos (por ejemplo). Pero luego añade que sí “se puede hacer arte con la gastronomía”, aduciendo al vídeo que he incluido en este post. Permítame que haga una comparación: por esa misma regla de tres la pintura tampoco sería arte si la ejerce mi madre (que, por si no lo sabe, pinta casi tan mal como yo… es decir, de pena). Pero “se puede hacer arte con la pintura” si el que pinta es un artista, verbigracia Monet. De la misma forma podría decir que los ruidos que son capaces de extraer de cualquier objeto imaginable los mellizos de mi prima (que tienen 2 años y pico) no es arte, pero Mozart “podría hacer arte con sonidos” (a lo que llamaríamos “música”, dicho sea de paso).
Se dará cuenta ahora de que si no presuponemos que quien ejecuta una disciplina es un artista, ninguna disciplina se podría considerar arte per se. Como no creo que ninguno de mis lectores tuviera la desfachatez de afirmar que el arte no existe, estoy dando por hecho que la afirmación “la gastronomía es arte” implica “cuando la ejecuta un artista” como condicio sine qua non.
En cualquier caso está claro que ambos coincidimos en la genialidad de las “aceitunas esféricas”… y en la pesadez de José Andrés.
Gracias mil por leer mi blog y gracias dos o tres mil por escribir un comentario.
Sir Anthony Worldgate.
P.D.- Puestos a hacer recomendaciones cinematográficas: resulta que hay una película que se llama “Art Imitating Life”. Según IMDB está en pre-producción actualmente. De todas formas de las producciones de 1959 me permitirá que me quede con “Con faldas y a lo loco”, “Rio Bravo” o “Ben-hur”. Más vale bueno conocido que “nada especial” (lo dice usted) por conocer. Ninguna de ellas cuenta con Mahalia Jackson, pero es que a mi el gospel…
P.D.- Pregunta si “¿Puede la tierra tragarse a alguien que sale en un vídeo?”. La respuesta podría estar aquí.
Creo que seguimos sin estar de acuerdo. Cuando mi madre me fríe unos huevos (de gallina, por si hay alguna duda) no es arte. No porque sea mi madre (mujer de talento, por cierto), sino por el objetivo. Busca alimentarme y punto, y si me gusta y disfruto, pues mejor que mejor. Y creo que es lo que ocurre en el 99,9% de los casos que engloba la gastronomía.
Cuando mi madre pinta sí es arte (aunque sea muy de andar por casa). Expresa sus sentimientos y plasma sus inquietudes en su dibujo y se desahoga de alguna manera (con los huevos no puede hacerlo). Y además busca descaradamente la opinión de los que miran su pintura.
No quiero dar al traste con los principios de este blog (muy interesante, enhorabuena) iniciando una discusión donde no se había previsto o sea que intentaré que no se repita en el futuro. Mi mas carnosas disculpas.
Por cierto, muy bueno y oportuno el vídeo. Y me alegro de que estemos de acuerdo en algo. Hay que conseguir que José Andrés pasé por ese sendero. Aunque parece que va a estar difícil, parece que sólo las mujeres pueden caer en la trampa…
Caro Mr. T-Bone,
Temo no haberme expresado correctamente (para variar): ¡¡¡para mi es un placer y un privilegio que personas de bien (como usted) nos deleiten con su oratoria en mi blog!!! Lo que no quiero es discutir yo mismo con los “comentantes” de mis posts, porque no sería la primera vez que alguien me confiesa que no participa aquí por miedo a que yo responda alguna “frescura” de las mías. Por ello intento no recomentar yo sus opiniones.
En cuanto a la discusión, el problema no es otro que el de la propia indefinición del arte. Cómo vamos a colgar el calificativo artístico si ni siquiera usamos una misma definición. Usted dice, o así lo entiendo yo, que el arte debe tener objetivos como expresar sentimientos, plasmar inquietudes y desahogarse. Dicho de otra forma, el arte como tal se hace desde su génesis.
El amigo SuperAurreskuMan llegó a equiparar “arte” con “propuesta intelectual” (la discusión original, recordemos, era la de “¿puede haber una propuesta intelectual en el arte?”) con lo que la gastronomía sería (o, según él, no sería) un “canal de comunicación” a través del cual se transmitiría dicha propuesta intelectual.
Mi concepción del arte se acerca más al de S.A.M. que al suyo, me temo, ya que estimo imprescindible tener en cuenta el punto de vista del receptor. Dicho de otra manera: puede que los huevos (de gallina) (y fritos) de su madre a usted le parezcan un mero “alimento”, pero puede que haya alguien que los considere una obra de arte.
Yo mismo confieso que un alimento sin ninguna aspiración intelectual por parte de quien lo cocinó me ha parecido más de una vez una obra de arte que ha inspirado en mi toda clase de emociones y reflexiones.
Le agradezco muchísimo su dedicación a mi blog y me alegro mucho de que le interese su contenido. Espero que no sea el único, y que en adelante más lectores (que las estadísticas me dicen que haberlos, haylos) “se atrevan” a comentar lo que escribo.
Reciba un cordial saludo,
Sir Anthony Worldgate.