Premier jour: pollería helvética
15 horas después de salir con un leve retraso respecto a la hora inicial establecida a las 7:20 estoy en disposición de escribirles acerca del primer día de nuestra epopeya transalpina.
Entre “ponte bien” y “estate quieto” se nos han venido las 11 de la mañana encima para cuando hemos hecho la primera parada técnica del viaje, en los alrededores de Toulouse. Como no podía ser de otro modo, la interrupción ha sido para COMER. Zipi y Zape han comido queso y patatas fritas, mientras yo me he decantado por un “sanguis” (de esos que vienen en envases triangulares) de jamón ahumado con ensalada de pollo que de lo seco que estaba me ha agudizado la lesión laríngea provocada probablemente por el aire acondicionado del coche.
Tres horas más tarde el hambre (o la gula) nos ha citado cerca de Montpelier, en un área de servicio. El dúo dinámico se ha decantado por un clásico filete con patatas… aunque a mi me sigue pareciendo que los gabachos no tienen ni la más remota idea de cómo deben cortar la carne, que siempre consiguen que termine convirtiéndose en un chicle fibroso. Yo he cometido el craso error de comandar una lasagna de verduras. La sola visión de aquel trozo de rancio alimento animal me ha bloqueado la glotis cual Ignatius Reilly. Tan desagradable ha sido la experiencia que ni los “fingers” de chocolate de Cadbury’s que he comprado a posteriori han solucionado mi nudo marinero gástrico.
Cruzada la frontera, el peregrinaje gastonómico por tierras centroeuropeas se ha saldado con sus tres primeras víctimas: dos medios pollos helvéticos con pedigree que han terminado en los platos de Zipi y Zape y un puerco indígena que ha sido galardonado con una espero que breve estancia en mi honorable estómago.

Uno de los problemas de viajar con personas poco amigas de riesgos culinarios, por no hablar de su incapacidad fisiológica a tolerar el gluten, es que se tienen que elegir los establecimientos hosteleros con sumo cuidado. El viaje a la Confederación Helvética (en adelante, CH, como Carolina Herrera) no es una excepción. Por ello, cuando nos hemos encontrado con un restaurante llamado “Chez ma cousine” con el sugerente lema de “on y mange du poulet” (“se come pollo”) nos ha parecido que la invitación era lo suficientemente obvia como para aceptarla y hacer buen uso de ella.
En la carta, muy escueta, la primera opción (intuyo que la más popular): “1/2 pollo con patatas a la provenzal y ensalada verde”. Es la que pidieron las fotocopias. Un plato sencillo, aunque el pollo estuviera más bien seco, el mero hecho de servirlo con sendos platos con abundante contenido de patatas a la provenzal y ensalada justificaron la decisión. A continuación: fotografías (que dan un poco de penita por la falta de luz) del pollo, de las patatas y la ensalada.



Yo me decanté por una Braisé de porc (CH) à la sauce cousine, Pommes provençale et salade verte. Vamos, cerdo suizo asado con salsilla, patatas a la provencal y ensalada verde. ¡Todo muy bueno, oiga!

Como no podía ser de otra forma, nos atrevimos con los postres. Tras el hallazgo en la carta de postres de un “Fondant au chocolat et sa boule vanille” (un… ¿”fundiente”? de chocolate con una bola de helado de vainilla) y la consecuente subida de secreción salival no tuvimos muchas dudas:

Zipi, nuestro crítico cafetero, sentencia la sobremesa: “después de tomar ese café puedo prometer que haría mi mejor marca en los 100 metros lisos”.
Resumiendo: cenamos en un ambiente agradable, comida simple e internacionalmente reconocible cerca del centro de Ginebra.

Tras la zampada nos retiramos a una hora prudente al hotel en el que nos alojábamos, a la vuelta de la esquina. Mañana, si dios quiere, hablaré de la magnífica noche que hemos pasado en él… o no.
Enlaces
- Como siempre, pueden ver estas y otras imágenes en todos los tamaños en mi espacio Flickr: aquí.
- Recorrido Ataun-Genève en Google Maps: aquí.
- La situación del restaurante en Google Maps: aquí.
- La web del restaurante: aquí.



Estimados europeos:
Espero que comiendo productos de “La tierra europea” se os pegue algo. En la lejana Cádiz pude degustar la tortilla de gambas…que comió el propio ZP…y creo que aún la indigestión es de magnítudes considerables.
No hablemos ya de mi probe riñon…ak ak aaaaaaak!
Saludos Quincenales
En fin trio, he visto las fotos de vuestro viaje “gastronómico” por tierras europeas y … las lámparas del restaurante, las dos que salen en las fotos son “preciosas”. Lo de los “tenedores voladores” me ha parecido genial, tal vez ponga alguno en mi casa.
Muxu bat.