Acabo de leer en el Diario Vasco una necrológica de un cadaver al que conocimos hace tiempo.
Parece que no vale que algunos llevemos AÑOS repitiendo ciertas cosas (penúltimo párrafo y final del antepenúltimo) una y otra vez. En la memoria colectiva quedará cincelada sin embargo la reflexión tardía (esperemos que no demasiado) dictaminada por un Sumo Sacerdote local:
MOMENTOS DE REFLEXIÓN
EMECE
Ayer se presentó la 68 edición de la Quincena Musical en un escenario atractivo, cual el propio del recién remozado y muy restaurado Victoria Eugenia. Han sido 67 años de creciente éxito, con el costo y desgaste humano que ello conlleva, pero las fórmulas con el tiempo se desgastan, sobre todo si no se lubrifican con los novedosos aceites que ya se están empleando en otros mercados musicales. No basta con una renovación -en este caso sui generis- de los equipos, hacen falta nuevas ideas, revoluciones no rupturistas de conceptos, nuevo elementos dinamizadores y, en un porcentaje muy alto, contar con los necesarios aportes económicos para que este armónico y melódico «sota, caballo y rey» salga de la acomodaticia inercia en la que se encuentra desde hace años. La cuestión no es buscar nuevos escenarios. Donostia los tiene y suficientes. El tema está en tener la capacidad y el arrojo de llevar adelante nuevos partos, con el necesario empuje institucional y privado para darles fructífera vida. Hemos de salir del ahorro del pobre sin caer en el despilfarro del manirroto.
No existe duda alguna que nuestra Quincena Musical es uno de los eventos más queridos y esperados de los donostiarras, pero hace tiempo que ha dejado de ser espejo de tantos reflejos como antes. Se ha superado una compleja etapa de indefinición y hace falta mayor audacia y salir más para ver más.
Hay que explorar horarios matutinos para que se pueda disfrutar, quien quiera, de dos eventos en el mismo día. Hay que apostar por producciones escénicas de más peso y no de antigüedades porque están a buen precio. No se puede abusar de la ópera concierto, pues se desnaturaliza el género. Hay que abrirse a una mayor y mejor comprensión de la música contemporánea explicando, previamente, su alcance y porqués. Sería de agradecer una política de grabaciones, en CD o DVD, de los eventos mas importantes de cada año. Las mesas redondas, charlas y conferencias necesitan mayor realce y, a modo de respetuosa insinuación, debería de vivirse la Quincena de otro modo, con potencialidad turística, con mayor implicación de nuestra sociedad y en adecuadas preparaciones a lo largo del año. Pongamos a la Quincena en el siglo XXI, pues el cliché del XX puede haber empezado a velarse de tanto uso. Tal vez el mes de duración del festival haya de reducirse en beneficio de mejores eventos. Es de agradecer el recordatorio que se hace del gran arpista Nicanor Zabaleta y del genial D. Scarlatti.
Bravo por tantos desvelos, incomprensiones, aciertos y, sobre todo, por tanta ilusión, la misma que ahora se necesita para el necesario reciclaje. Se impone saber estar a la altura de los nuevos tiempos.
En esto, como en muchas otras cosas, algunos seguirán esgrimiendo un inútil argumento como “aaaah… hi gaztea haiz!” (”aaaah… ¡eres jóven!”), mientras viejas glorias siguen aplicando sus viejos remedios a nuevos problemas y retos.
Pero por encima de todo, hoy es un día de júbilo: por fin el Diario Vasco, el periódico provinciano (ni que hubiera alguno de otro tipo) más leído en Gipuzkoa, ha publicado con el mencionado artículo, de puño y letra del mismísimo EMECE, crítico musical, el acta de defunción de la Salzburgo del Sur. A estas alturas mucho me temo que ni siquiera seamos en realidad la Granada del Norte ni mucho menos el “Aix-en-Provence del Oeste”.
Suelo mencionar a menudo que el primer paso para solventar un problema es el reconocimiento de su existencia. Por ello, estamos ante el principio del final de la era “Salzburgo del sur” y esperemos que ante el principio del principio de la era… vaya… nos tenemos que inventar algún nombre… ¿sugerencias?



Yo propongo “La Nueva York del Cantábrico”.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con lo que dice EMECE. De todas formas, y después de lo que te conté el domingo, tampoco debería sorprenderte que sea ahora cuando se publica eso…
Dear Sir WorldGate,
Una pena que se hunda la Salzburgo del Sur. Y sobre todo que lo haga tan de repente. Alguien debe haber puesto mucho plomo en el Boulevard. O en Portuetxe. Porque independientemente de que sea cierto o no, todo suena a pataleta de quinceañera (ya canosa) despechada. En fin, no voy a tener en cuenta esa opinión. Es que la fuente no me resulta interesante. Y eso que me encanta escuchar opiniones enfrentadas a la mía. Es un ejercicio muy saludable, porque permite adquirir una opinión sobre un tema que uno ni siquiera se había planteado, aunque sólo sea por llevar la contraria.
La Quincena no la conozco demasiado. Pero he estado ojeando el programa de 2006 y de 2007. Y me ha parecido que está bien (insisto, no tengo ni pajolera idea). Mucho ruso y mucho pianista. Pero por lo demás parece que bien. Hay algunas obras conocidas (insisto por segunda vez, no soy muy docto en el tema) e indagando por ahí he visto que de los cantantes de las óperas hay algunos que han cantado en el Met o en la Scala.
Si hubiera que revolucionar la Quincena yo me plantearía como objetivo el conseguir movilizar a más público, hacer la Quincena más popular. De la misma forma que habría que hacerlo con todos los eventos culturales. Si se hiciera una curva de Lorenz que en vez de representar la distribución de la riqueza representara la distribución de la cultura veríamos que estamos bastante alejados de la recta de la distribución equitativa. Y es eso lo que hay que buscar, una sociedad más culta. Pero para eso no es necesario traer a Abbado. El que tenga muchas ganas de verle siempre puede ir a Suiza. Mejor 100000 personas medio cultas que 1000 muy cultas. Mejor 100000 personas disfrutando de un concierto medio que 1000 disfrutando del cojoconcierto. Al menos es lo que creo. Y puestos a pedir, si el público es joven hasta se podría ligar con alguien que no lleve postizos…
Y como la nueva Quincena musical donostiarra tiene que buscar el que todos los provincianos indígenas seamos igual de cultos, que Gipuzkoa sea una recta en la curva de Lorenz de la distribución cultural propongo que Donosti sea llamada la SELENÉPOLIS DE LA TIERRA. Hay que tener visión de futuro, y la futura capital de la luna es la que va a ser la futura ciudad de la igualdad, la más cosmoSpolita de todas, ejemplo a seguir entre los modernos. Y al mismo tiempo todos sus ciudadanos serán iguales (verdes e indígenas). CosmoSpolitas iguales. Es lo que se va a llevar después de la hipoteca remunerada.
Pero como todavía estamos en la Salzburgo del Sur que se hunde… ¿Alguien me dice dónde comprar un flotador? XL estaría bien.
P.D: Tutéame porfa. Espero que todo un Sir pueda hacerlo (y sobre todo soportar que yo lo haya hecho con él).
T-Bone.
Yo llamaria a esta magnifica quincena “DONOSTIA ES MUSICA”