Les invito a leer un par de textos (el segundo se escribió para “comentar” el primero) que me ha mandado un amigo murciano (con “u”). Ala, ya tienen lectura para el fin de semana:

Iglesia y ciudadanía

Cada vez que los enemigos de la libertad vuelven a levantar la voz hay que hacerles frente con vigor.

IAN Gibson*

Perder el control de las mentes juveniles siempre ha sido la peor pesadilla no solo de la Iglesia católica, sino de todos los dogmatismos y fanatismos que han ido brotando a lo largo de los siglos. Inculcar al niño las hipótesis de turno como si fuesen verdades eternas demostradas y comprobadas; imponer el mapa de ruta consagrado por la tradición, sin tolerar desvíos; consignar los castigos preparados por la deidad ofendida para los discrepantes, de modo que la lección, apuntalada por el miedo, cale hondo… siempre ha sido la práctica de los guardianes de la ortodoxia, y cabe suponer que será así, irremediablemente, hasta el fin de los tiempos.

Hay una conclusión que, a la vista de ello, se impone. Y es que cada vez que vuelven a levantar la voz los enemigos de la libertad, que no duermen nunca, incumbe hacerles vigoroso frente dialéctico, en nombre de la cultura, de la razón, de la caridad y de los logros conseguidos pese a ellos por la humanidad, a duras penas, en su difícil caminar hacia la luz y hacia la vida. Incumbe hacerles frente, no intentar apaciguarlos. Porque, como se ha visto siempre, los matones desprecian a quienes les dan coba, y se crecen esperando el momento de acabar con ellos. En plena guerra civil, Antonio Machado pronosticó una y otra vez que Francia y Gran Bretaña, tan miserables en su actitud con la Repú- blica asediada, pagarían su política conciliadora con Hitler. Y así resultó.

SIEMPRE me han gustado los términos ciudadano, ciudadanía, así como los relacionados cívico y civil, que llevan en las entrañas, se diría que con orgullo, su ilustre raíz romana, y hacen pensar, indefectiblemente, en los derechos y responsabilidades del individuo y en el concepto del bien común. Por ello me parece lamentable y bochornoso que la jerarquía ca- tólica española haya decidido ir a la lucha sin cuartel, en la recta final electoral, contra la asignatura obligatoria de Educación para la Ciudadanía, que va a introducir el Gobierno a partir de septiembre. Los prelados me recuerdan a sus antecesores de los años 30, cuando la CEDA, que nunca apoyó lealmente el régimen republicano, proclamaba que la escuela laica era poco menos que una creación del diablo, y obraba en consecuencia.
Los libros de texto de la nueva asignatura ya están publicados. Cualquiera puede consultar los contenidos en la web del Ministerio de Educación (http://www.mec.es). La enseñanza tan rechazada por la Conferencia Episcopal consistirá, en síntesis, en fomentar, desde la educación primaria, el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, el respeto al prójimo –sea del color que sea y tenga las creencias que tenga–, el diálogo, la tolerancia, la solidaridad, la cultura de la paz, la diversidad de las personas, el rechazo del racismo, la xenofobia y la homofobia; en insistir en la igualdad de hombres y mujeres; y en explicar a los alumnos los derechos y las obligaciones del ciudadano en la España democrática de hoy. Todo ello dentro del marco de la Constitución y de los compromisos internacionales del país. Y en perfecta consonancia con los valores predicados y preconizados por Cristo.
Pero los obispos no lo quieren ver así. Especialmente inquietos, como siempre, ante el hecho sexual, que quisieran encauzado exclusivamente a través del matrimonio de hombres y mujeres, están molestos sobre todo, según parece, por la carta de naturaleza acordada por la flamante asignatura a la homosexualidad. Enseñar que la “nefanda desviación” no es tal va en contra de todo lo que ha dicho el catolicismo desde siempre, con las innumerables víctimas consiguientes. ¿Qué hacer? ¿Admitir que se han equivocado? ¿Lamentar haber impuesto, en nombre del Salvador, tanta tortura, tanta inmolación, tanto dolor, tanto sufrimiento? ¿Pedir perdón? ¡Pedir peras al olmo!

EN SU declaración oficial sobre la asignatura de marras –similar a la que se enseña en al menos 15 países europeos–, los obispos, ante el “desafío” que supone la misma (”El Estado se arroga un papel de educador moral”), aseveran que “la gravedad de la situación no permite posturas pasivas ni acomodaticias”. Las posturas, es decir, deben ser activas, y “se puede recurrir a todos los medios legítimos para defender la libertad de conciencia y de enseñanza”. Se trata, en realidad, de una llamada a la desobediencia civil. El hecho de que Rajoy haya dicho que si accede al poder abolirá la asignatura está dando ánimos a los prelados, y parece inevitable que a lo largo de los próximos meses mareen mucho la perdiz. Un indicio de lo que nos viene encima lo acaba de proporcionar –¿quién si no?– el arzobispo de Toledo. Para monseñor Antonio Cañizares la nueva asignatura se basa “en el nihilismo”. Es “una reducción cultural en la que Dios no cuenta”, un “laicismo excluyente”. Agrede a la familia e impone un relativismo moral inaceptable. Acogerla sería, para un católico, colaborar con “el mal”.
La lectura es perversa, maquiavélica, patética. Y demuestra que la jerarquía española es incapaz de adaptarse a los tiempos que corren. Qué pobre.

*Escritor

Este artículo se publicó en el diario El Periódico de Cataluña el pasado 7 de junio de 2007. Pueden leer el artículo original en esta dirección.

Y ahora el otro texto, pelín largo, pero no tiene desperdicio:

COMENTARIO (Por la Virgen del Pompillo)

Sabias palabras de Ian Gibson, ¡La Virgen del Pompillo nos asista!

Dice Gibson que siempre le han gustado los términos “ciudadano”, “ciudadanía”, de connotación etimológica “civil”, se supone que frente a otros como “camarada” o “patriota”, que las tienen militares (aunque la Revolución Francesa, por ejemplo, también dotó de connotaciones guerreras a “ciudadano”, lo que soslaya Gibson).

A mi me parece que las palabras son herramientas importantes pero que cuando realizamos una tarea es perverso quedarse en la fase de discusión sobre las herramientas. Me recuerda al rico, al cura de mi aldea y al santo que podrían comprar. En realidad, el rico prefería no gastarse el dinero pero deseaba ocultarlo, así es que en lugar de la sagrada escultura ofreció nombres:

- Podríamos comprar a San Bartolomé.
- Estupendo, estupendo – decía el cura.
- O mejor podríamos comprar a Santa Rita de Casia, abogada de los imposibles.
- También, también.
- Oiga, ¿qué le parece Santa Isabel, reina de Hungría?
- Esa también es buena.
- La que también estaría bien sería Santa Brígida.
- También, también.
- ¿Y si compramos a Santa Cecilia, patrona de la música?
- Estupendo, estupendo.

Hasta que al cabo de una semana terció el rico rival:

- Tú lo que vas a comprar es la Virgen del Pompillo.

Ante el bochornoso, eterno problema de nuestra democracia de plantear una asignatura maría de ética y/o moral como alternativa a la de religión católica (la verdadera alternativa democrática sería suprimir la religión en la escuela), ZP ha querido, de manera interesada, apuntarse el tanto de volverse no ya más papista que el papa pero sí más “ciudadano” que Zerolo. Ha querido incluir dentro del pack de derechos civiles para los colectivos secularmente ninguneados (los homosexuales, las mujeres, los “ciudadanos”) a la así llamada “educación para la ciudadanía” para vestir de revolucionaria a la reaccionaria maniobra de implantar la religión bis, a la que el PP, en su ley educativa, llamaba “ética”, prácticamente con los mismos contenidos, sin que los obispos levantasen ningún rumor. Así es que en el pecado lleva ZP la penitencia. La desproporcionada reacción de la jerarquía eclesiástica se la ha ganado a pulso: Los obispos saben que el nombre es importante porque viven de eso, del cuento. In principium erat Verbum. ZP, con lo de la ciudadanía, le ha acabado de tocar a los obispos no diré los cojones, porque no sería reverente, pero sí el punto flaco, que es el del nombre de las cosas, o, lo que es lo mismo, el nombre de la rosa.

No deja de resultar curioso que los obispos arremetan contra una cosa o una rosa que se llama “educación para la ciudadanía” pero se abstengan, si la misma se llama “ética”. “Lo que sorprende es que los grupos que ahora se oponen a la asignatura con tanta contundencia, no dijeron nada cuando, en el mandato del PP, se aprobó la LOCE y en la asignatura obligatoria de Ética aparecieron temas ahora criticados y retirados de Educación para la Ciudadanía. ” Estas palabras no proceden de ningún librepensador, como Gibson, sino de Manuel de Castro, sacerdote salesiano y secretario general de la Federación de Religiosos de la Enseñanza-Centros Católicos (FERE-CECA).

Lo que pasa es que el problema se plantea al nivel superficial de los nombres, a nivel del mercado, de la marca, de los derechos de autor, indicio de que, en última instancia, la educación importa un pito, no así los intereses económicos en juego. El maestro José Luis González Uriol, organista, director del curso de verano de música antigua de Daroca, el más añejo de Europa de los de su especie junto al de Urbino, ha tocado estos días en Lorenzago de Cadore, localidad alpina en la que el Papa veranea. Benedicto XVI, que no acudió a ese concierto organizado en su honor, según un breve comunicado emitido por el Vaticano, ha expresado su agradecimiento “asegurando su participación espiritual en el acto”. Pero, por si el pontífice hubiera sido tentado de participar de manera menos espiritual, Uriol fue obligado a cambiar ¡el nombre! de varias obras del concierto. Así, Uriol ha quedado más “ético”. La misma maniobra se produce también por parte del poder laico: Durante un concierto de “Los Sacqueboutiers de Toulouse” en la embajada de Francia en Marruecos, con su repertorio habitual (música veneciana de entorno a 1600), el embajador les ha obligado a ser un grupo francés que interpretase, por tanto, música francesa, esto es, a cambiar el programa. Los Sacqueboutiers cambiaron el nombre manteniendo el programa, y todos tan contentos: Castello pasó a llamarse Du Château, Fontana La Fontaine. Así, Los Sacqueboutiers quedaron más “ciudadanos”.

En su monumental biografía sobre García Lorca, Ian Gibson evoca una situación conmovedora: ante la detención arbitraria del querido amigo Lorca en Granada, que culminaría en el asesinato, el muy católico maestro Manuel de Falla protesta ante José María Pemán, de manera ingenua, porque esa detención vulnera todos los valores cristianos que los que ultrajan a Lorca dicen defender. No menos conmovedor, por tanto, que el ingenuo de Gibson se rasgue las vestiduras ante la protesta de los obispos frente a una asignatura “en perfecta consonancia con los valores predicados y preconizados por Cristo”. ¿Qué otra cosa podrían hacer? Resulta que esa asignatura, tan cívica, tan católica en el fondo, según Gibson, pretende adoptar como biblia a la Constitución en lugar de a la Biblia. Se recuerda a Gibson que los valores de Cristo donde más fielmente se contienen es en los textos canónicos sagrados y que, como acaba de declarar Benedicto XVI, Cristo sólo fundó una Iglesia. De la misma manera que, en el terrenal mundo de los negocios, “La maleta roja” (empresa de productos eróticos sólo para las mujeres cuyo gran invento es la manera de distribuirlos) protesta y obliga a retirar del mercado el nombre de una empresa rival (”la maleta erótica”), que vende lo mismo de la misma manera, los obispos, si defienden lo suyo, tampoco pueden ver bien que la religión, que ellos controlan y venden, tenga que repartirse los clientes con unos laicos que han inventado una cosa llamada “educación para la ciudadanía”, que también vende lo mismo.

En el fondo, lo que se plantea es una disputa, similar a la que mantienen tantos matrimonios rotos, por la guardia y custodia de los alumnos, en la cual los obispos pueden hacer el papel de la madre mientras que al Estado no le queda más remedio que arrogarse el triste y malparado papel del padre (malparado por dicho Estado). Lo mismo que las asociaciones de mujeres, los obispos despliegan una gran agresividad y violencia verbal. Lo mismo que las madres, los obispos desean mantener sus prebendas. Y lo mismo que la Iglesia se dedica a la educación de nuestros hijos con la subvención económica del Estado, las madres se quedan con la custodia y el padre debe pagar una pensión.

Ir de víctima es muy rentable (no se olvide que, en el fondo, hablamos de dinero, tal como recuerda Francisco Javier Quirós, lúcido ciudadano, en una carta a “El País” a la que se alude más adelante). Entonces, ¿por qué las madres querrían facilitar el acuerdo –la custodia compartida- y la ausencia de litigio, si saben que, en la actual situación legal, el desacuerdo y la litigiosidad las favorece? ¿Por qué los obispos, de la misma manera, iban a desaprovechar una ocasión -para crispar la escena y hacerse las víctimas- que ZP, jugando con los nombres de manera propagandística, les ha puesto tan a huevo?

¿Y por qué los obispos hacen el papel de la madre, nuestra Santa Madre Iglesia? La respuesta es la misma por la cual las madres, en los procesos litigiosos de guardia y custodia, hacen el papel de los obispos y por la cual los perros, a diferencia de los hombres, sí que se chupan la polla a sí mismos. Porque pueden.

La “ética” forma también parte de la teología. Pero una cosa son los “ciudadanos”, presuntamente libres, y otra los “fieles”, el pueblo de Dios, sometido a su doctrina y a su poder omnipresente, Rex tremendae magestatis.

Por eso, son muchas las incógnitas que plantea el invento “revolucionario” de ZP. La principal es la capacidad que asignaturas de este tipo (a las que mejor deberíamos llamar catequesis que asignaturas) poseen para manipular precisamente la libertad de los educandos, llámesesle como se quiera. Porque a esos ciudadanos, ¿se les va a educar como príncipes, en el sentido maquiavélico del término, o como a borregos, en el sentido antimaquiavélico, es decir, católico? Y, cuando se hable de la tan venerada Constitución, ¿se pondrá en relación el derecho a la vivienda, del que habla la Carta Magna, con la vergonzosa ineficacia, surrealista y demagógica, de otro gran invento nominal de ZP, el Ministerio de la Vivienda? ¿Se pondrá en relación a la presunción de inocencia y el derecho a un proceso sin dilaciones indebidas, art. 24 CE, y la igualdad de todos los españoles ante la ley, art. 14, con la Ley Orgánica 1/2004 de medidas de protección integral contra la violencia de género, que vulnera esos artículos sin paliar el problema? ¿O más bien se alabará el texto como fiel reflejo de nuestra realidad democrática, la mejor posible, gracias a ZP, o al ZP y al Partido con mayúscula de turno, bondadosos y desvelados por el bien de los “ciudadanos”? En suma, ¿se convertirá esta asignatura en el Discurso sobre el Estado de la Nación bis, con el que recientemente nos ha obsequiado ZP? ¿Hablaremos alguna vez de nuestro país o seguiremos inmersos en el País de las Maravillas?

Si elegimos la primera opción, educación para la ciudadanía sobra, de la misma manera que sobra religión, cuyo ámbito, muy respetable, no debe ser la escuela sino la iglesia y la más respetable todavía intimidad de los creyentes. A la ciudadanía se la educa en la clase de literatura y en la de matemáticas y en la de educación física, en suma, en todo el currículo, a condición de que esas asignaturas eduquen de verdad a la “ciudadanía”, sin necesidad de una asignatura específica que le permita al Estado tranquilizar su mala conciencia, ante la manipulación constante a la que somete al sagrado sistema educativo, la cual nos lleva a algunos ciudadanos que tenemos hijos, pagamos impuestos y podemos, a huir tanto de la escuela pública como de la religiosa y/o concertada. Por eso, lo más sensato que he leído dentro del debate sobre el tema, ha sido, con diferencia, la carta publicada en “El País” por un profesor de instituto. Propone a sus compañeros ” que no recurramos a ningún libro de texto, sino que, en la medida de lo posible, ofrezcamos una introducción a la Ética y a la Filosofía Política basada en los textos fundamentales de pensadores clásicos, así como en documentos históricos de reconocido interés. También pueden ser muy conveniente para abordar ciertos temas la lectura y el comentario de textos literarios . Sólo así los alumnos podrán aprender a pensar por sí mismos en diálogo con la tradición de la que somos herederos en vez de tener que estudiar las opiniones de los autores de los libros de texto respecto de los contenidos del lamentable temario”. La carta termina animando a sus compañeros, ante “las mezquinas luchas ideológicas, los enfrentamientos gremiales y los encubiertos intereses económicos que están destrozando la educación en nuestro país “, a los que se aludía más arriba, a “resistir enseñando” (enlace).

Que “educación para la ciudadanía” es religión bis, los mismos educadores católicos lo reconocen. Tal es el caso del citado Manuel de Castro, en una amplia entrevista concedida al diario ABC, donde reitera su decisión de impartir “educación para la ciudadanía” en sus escuelas porque “sabíamos de nuestra capacidad legal para adaptar la asignatura al ideario propio de nuestros centros, convicción que fue ratificada por sentencias del Tribunal Constitucional y por el propio Ministerio.” Por tanto, si se plantea la objeción de conciencia contra religión bis, nada impide plantearla, de la misma manera contra la versión original de la educación para la ciudadanía, esto es, contra la propia asignatura de religión: “consideramos que en nuestros colegios la objeción de conciencia es innecesaria y peligrosa. Si decimos que vamos a adaptar la asignatura a nuestro ideario, carece de sentido objetar contra ella. Además, se introduce un elemento peligrosísimo contra el carácter propio que mañana puede pasarnos factura a todos. El peligro está en que la objeción se podría extender a otras asignaturas, incluso a la misma clase de religión. Alguien podría venir a un centro católico diciendo que acepta el ideario sólo en parte y que rechaza la religión o la oración que todas las mañanas hacemos en nuestros colegios “. Más claro, agua: Religión y “educación para la ciudadanía” están en el mismo barco. En los colegios religiosos se impartirá religión y religión bis y en los no religiosos religión y/o religión bis. A ZP le puede salir redonda la jugada cívica, ciudadana, librepensadora. No queríamos caldo, dos tazas llenas.

Lo dicho, ¡Que viva la virgen del Pompillo! (¡¡¡VIVAAAA!!!).


2 comentarios a “Ian Gibson y la Virgen del Pompillo”  

  1. Gravatar Icon 1 Count van der Maza

    Buenas tardes a toda España:

    ¡don Jesús de Polanco HA MUERTO! Hoy el curso de la Historia de la Humanidad (donde ya podemos incluir a los chimpaces) vuelve a dar un giro. No sabemos a dónde, pero ese giro se va a producir.

    Bien, dicho lo cual, el insigne Anthony WorldGat tuvo la amabilidad de pasarme en artículo hace unos días. Además, de la respuesta. El artículo de este hispanista creo que sigue su tendencia habitual: infumable. No merece mayor comentario, a no ser que destaquemos que este tipo de residuos mentales hace el agosto (y el septiembre) con el Imperio del finado mencionado. Eso sí, siempre como voz grave y ademanes de manejar el cotarro como nadie.

    La respuesta viva y ágil aunque no queda exenta de algún atropello ideológico fácilmente subsanable, pero que es más pasable que el vómito con el que el señor Gibson nos “deleita”.

    Todo sea por que la gente entre en una dinámica de debates…

    Saludos

  2. Gravatar Icon 2 MunduJr

    Estimado Conde,

    En primer lugar: mi más sentido pésame a la humanidad, por la pérdida de tan magno lider, que servía de faro en la oscuridad.

    Naturalmente, no dudaba de su opinión del primer artículo, el de Ian Gibson (la mía no es muy dispar), e incluso preveía que tendría sus reticencias ideológicas ante el segundo (que también comparto… las reticencias, digo). Pero me gustaría centrar la atención en el debate semántico, tal y como nos propone la Virgen del Pompillo. Al fin y al cabo ambos sabemos que la diferencia entre la “ética” de toda la vida (me refiero a la asignatura) y la moderna “educación para la ciudadanía” es más por continente que por contenido.

    En cualquier caso, siempre me ha resultado curioso ver cómo la “derecha”/”centro”, autoproclamada “liberal”, de Expaña se alinea con la iglesia a la hora de defender que una asignatura religiosa tenga cabida en la escuela pública… pero de eso ya hablaremos otro día: hoy hablemos sólo de la lengua.

    Sir Anthony Worldgate.

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