Cuando está a punto de cumplirse el centenario del nacimiento de uno de los grandes creadores europeos del siglo XX. me he propuesto hacer un homenaje a uno de sus personajes. Estoy hablando, naturalmente, de Georges Remi, ‘Hergé’ (22 de mayo de 1907 - 3 de marzo de 1983).
Hergé fue el creador de la célebre serie de novelas gráficas (ahora ya no son comics) que tenía como protagonista al intrépido y joven reportero Tintin. Junto al Capitán Haddock, el Profesor Tryphon Tournesol, los gemelos policías Dupond y Dupont y naturalmente junto a su perro Milou, había una serie de personajes que, aunque no aparecían en todos sus libros lo hacían en más de uno.
Uno de los más recurrentes entre ellos y la única “co-star” femenina de la serie era la diva de la ópera italiana Bianca Castafiore (algo así como “Blanca Castaflor”), internacionalmente conocida como el Ruiseñor de Milán. Como curiosodad, tal y como me recuerda Wikipedia (había olvidado completamente ese detalle) su especialidad es el aria de las joyas de la ópera Faust de Charles Gounod, lo cual se refleja en el recurrente hecho de que sus apariciones suelen ir acompañadas de la frase que abre el aria: “¡Ah! Me río de verme tan bella en este espejo…” (”Ah, je ris de me voir si belle en ce miroir“, en ocasiones traducida como “el gozo me rebosa de verme tan hermosa“). La Castafiore viaja acompañada de su secretaria Irma y su pianista Igor Wagner.


En hechos como la tormentosa relación con Haddock (que “no apreciaba las cualidades de su arte”) y la reacción de todos los presentes cada vez que la Castafiore arranca con su “AAAAAHH, JE RIS” podríamos deducir que su canto era cuanto menos “molesto” para algunas sensibilidades musicales.
Pues bien, esta cualidad es la que me ha hecho acordarme de Bianca cuando esta mañana mi querido amigo SuperAurreskuMan me ha mandado un documento filmado de otra gran diva desconocida por mi hasta la fecha, y le estaré ad æternum agradecido por abrirme los ojos ante otra GRAN GRAN dama de la lírica (con permiso de Jesusa Aguirregomezcorta y Luisa Tetrazzini): Mari Lyn.
Pero empezemos desde el principio. Alla por 1868 nació en Pennsylvania una niña llamada Florence Foster (mas conocida por su nombre de casada: Florence Foster Jenkins). De niña recibió clases de música y comunicó a sus opulentos padres su deseo de seguir adelante con su carrera lírica, aunque su padre le negó ese deseo. Años más tarde, en 1909, tras el fallecimiento de su padre Florence heredó la obscena fortuna de éste y reemprende la carrera vocal que se vio interrumpida en su infancia. Tras la muerte de su madre, incluso se atrevió a poner en práctica sus dotes de soprano y grabó varios discos que le aportaron una tremenda popularidad, dada su peculiar forma de cantar. Como muestra, un botón:
A pesar de su más que obvia falta de talento Jenkins estaba firmemente convencida de grandeza. Se solía comparar con Frieda Hempel y Luisa Tetrazzini (y, naturalmente, en su mente salía airosa de la comparación) e incluso solía calificar las risas y críticas del público (incluso durante sus representaciones) como “celos profesionales”. Decía “la gente podrá decir que no puedo cantar, pero nadie dirá nunca que no canté”.
Entre las numerosas artistas que siguieron su estela podemos nombrar a Mrs. Miller:
… y otras figuras que, sin duda, sacaré a relucir en posteriores intervenciones.
Pero volvamos a la persona que nos ocupa hoy: Mari Lyn.
A la señora Lyn le ocurrió algo parecido a Jenkins: su dinero le permitió, a mediados de los años 80, comprar una serie de programas de media hora en la Televisión Pública de New York. Gracias al milagro de YouTube, hoy parte de esos programas están a nuestra disposición.
La primera de ellas es, concretamente, la que Miki me ha remitido. En ella Madame Mari Lyn “”canta“” el aria “Una voce poco fa” del Barbero de Sevilla de Rossini:
En esta otra ocasión la señorita Lyn dedica su programa a “cantiamo Italia”:
… a la canción Sureña (la pasión con la que explica la Mari es increíble):
… y para terminar, la Forza del Destino de Verdi:
No me digan que no es estremecedor. Lo que está claro es que ya no hacen grandes figuras como antes. El mero hecho de comparar a la Castafiore, la Jenkins o la Mari con Tamara (la fea) hace renacer en mi psique mis deseos más profundos de haber nacido, por lo menos, un siglo antes.



Gran trabajo informativo, sí señor!!!
Hay que presentar la totalidad del espectro lírico, y no solo a las buenas. Estas no cantarán muy bien, pero son adorables…
En cuanto a tu comentario en mi flog, pues que quieres que te diga… tras ver al ínclito coger la salsa ali-oli con el dedo, ya me dije: “Aurresku, debes salir de aquí cuanto antes”. Jajajaja!!
Pero bueno, parecía un tio majo…