Luisa Tetrazzini (1871-1941)
Luisa Tetrazzini (Florencia Italia, 29 de junio de 1871, fallece el 28 de abril de 1941) es considerada como una de las más brillantes sopranos italianas.
Empezó a cantar a los 3 años en su Florencia natal y debutó en 1890 como Inez en L’Africaine de Meyerbeer’s, sustituyendo a la soprano inicialmente prevista en el último instante.
Tras actuar durante años en pequeños teatros de Italia, España, Rusia y Sudamérica debutó en américa en 1905, concretamente en San Francisco.
Cuentan que tras este debut viajó a New York y tuvo varios problemas legales que le impidieron cantar. Convocó una rueda de prensa en la que declaró “Cantaré en San Francisco como si tengo que cantar en las calles. Que yo sepa las calles de San Francisco son gratis”. Tras ganar el litigio, en nochebuena de 1910, Tetrazzini subió a un escenario en la esquina de Market y Kearney con un largo vestido blanco y rodeada de una multitud de, y no exagero, doscientas o trescientas mil personas (según estimaciones de la época. Según el PP eran cuarenta y cuatro millones, y según el PSOE eran tres: Tetrazzini, el chaval que sujetaba el atril y Gallardón, que es de esos snobs neoliberales a los que les gusta la ópera) cantó una bella serenata a la ciudad que amaba.
Pueden leer ésta y otras mil anécdotas de este mito de la canción (de cuando había mitos… doscientas o trescientas mil personas en invierno en la calle para oír opera… hay que ver) en internet, pero hoy me gustaría centrar su atención en un par de videos un tanto “frikies” que he encontrado en Internet.
La primera de ellas es una de las pocas (creo que la única) filmaciones de la señora Tetrazzini cantando. Concretamente, como nos comenta la voz en off, canta sobre una grabación de Caruso cantando “M’appari, Tutt’Amor” (Martha, Friedrich Von Flotow):
Supongo que no habrán dejado pasar la risita final…
Desgraciadamente su vida marital no fue motivo de tales risitas. Se casó tres veces, la última de las cuales la tercera resultó la menos digna. Su jóven marido derrochó la fortuna que Luisa había amasado, obligándola a dar recitales hasta mucho después de que su voz dejase de ser idónea para ello. Pasó sus últimos años atravesando penurias financieras (el Estado tuvo que pagar su funeral), pero de buen humor. Decía “Soy vieja, estoy gorda, pero todavía soy la Tetrazzini”.
En esta segunda y última filmación vemos a Madame la Tetrazzini en su desgraciado tercer enlace matrimonial (la sola presencia de este video justifica incluir este post en la categoría de “frikies” del blog):
Hay varios discos editados con sus grabaciones, pero a modo de muestra, y FUUUEEEERAAAA DE PROGRAMA (!) incluiré un par de documentos sonoros o tres, aunque estén en formato de video de youtube. Son “Bel raggio lusinghier” de Semiramide (Rossini) y “Meco verrai” de Rosalinda (Vercini). Verdaderamente magnífica:
Y en éste último, “D’amor sull’ ali rosee” del Trovatore (Verdi):
Venga, va, una más. “Charmant Oiseau” de La Perle du Bresil (Felicien David):
P.D.- Se dice que Luisa Tetrazzini es epónima del plato culinario “Tetrazzini” (carne no roja con setas, almendras, una crema a base de mantequilla/nata y queso parmesano y jerez o vino, sobre spaghetti).



Señor propietario:
Usted es un verdadero sinvergüenza. ¿Cómo se atreve a clasificar a la gran Luisa Tetrazzini en al categoría de frikis?
Que indignación, dios mío…
WorldGate:
Te has pasado un pueblo. Agreo con Miki von Txamizen que a Tetrazzini no se la puede catalogar de frikie. Una cosa es que sea un personaje curioso y con enjundia (como lo son los grandes personajes de la historia). Pero poner a Tetrazzini a la altura de Klaus Nomi o Pozí…como que no.
Por ello reciba usted un sonoro BUUUUUUUUUUUUU del graderío.
El Conde
PD: Lo de la risa de Tetrazzini es un segundo (literal) inolvidábile, ak ak ak .
Mmm… bueno, independientemente de lo que fue la vida personal de Luisa Tetrazzini, ella fue famosa y aún es grande entre las sopranos por haber sido las voz de la coloratura pura (o casi perfecta). Absolutamente fabulosa, con solo escuchar el gran Ah! non ginge, de La Sonambula (1911), queda claro porque fue grande entre las mejores, y cabe mencionar que en la época habia mucha competencia, puesto que el legado de Adelina Patti fue que las generaciones posteriores desvirturaran las obras siendo estas, solo un medio para el lucimiento de sus voces (que por cierto se exigían ligeras y de coloratura), aún cuando las arias fueran dramaticas, tal es el caso de Patti, Nelly Melba, entre otras. En ése aspecto triunfó Tetrazzini, porque supo imponerse.